sábado, 30 de diciembre de 2017


No tienes que hacerlo

Encerrarte allí
como lo hice yo.

Tú los necesitas a ellos y
hay demasiados ahí afuera que te necesitan a ti.

Te escribo esto porque sé que lo has pensado este fin de semana.
Te ha hecho mucho daño.
Ya no me necesitan.
Tienen a sus chicos.
Sus vidas encauzadas.
Ya no les hago ninguna falta.
Pero, no es así.

Hay una parte de ellas que nunca les darán a ellos.
Te pertenece sólo a ti.
Como también sé que yo no podría tener esa parte de ti.
Porque les pertenece a ellas.

Tú no tienes que hacerlo.

Yo lo hice porque creí que no había nada afuera.
Nada me gustaba y
necesitaba un lugar
donde sentirlo,
donde poder experimentar y
donde encontrarme a salvo.
Sin presión ni miedo.

Por eso,
cuando me escuchas hablar de ellas,
lo notas en mi voz.

Para mí, no son un entretenimiento.
Ellas me mantuvieron con vida.
Me lo enseñaron todo.
Lo aprendí casi todo de ellas.
Me ayudaron a sentirlo.
Me encontré allí.
Me enamoré perdidamente.
Estuve soñando.
Durmiendo durante años.
Y renuncié prácticamente a todo por ellas.

Por eso,
cuando tuve que regresar afuera,
fue tan devastador.
No me quedaba nada y tenía que empezar por el principio.

No quiero que tú hagas eso.



¿Por qué tan triste?

Cuando te miro a los ojos, puedo ver que no eres feliz.
Y que no lo has sido desde hace mucho tiempo.

Créeme que lo estoy intentando, preciosa.
De verdad.
No fue así siempre.
Pero, algo me ocurrió.
Algo se torció.
Debí ver algo que no me gustó nada.
Algo que me asustó y corrí a esconderme.
O puede que sólo fuese algo que sentí dentro.
Algo que me imaginé.
Todavía, no entiendo qué fue.
Por qué.

De lo que estoy seguro es de que yo mismo me lo he hecho.
Toda esa tristeza,
esa absurda timidez,
ese complejo,
esa sensación de no encajar en ningún lugar
me separó.
Me aisló de esta manera.

Aún, tengo que arreglarme.
Despejar mi cabeza.
Llevo los agujeros abiertos en las manos.
Estoy aprendiendo a caminar.
Tú me ayudas.

Sé que piensas que yo te lo he dado.
Pero, tú me has enseñado mucho más a mí.
Y no te lo agradeceré nunca lo suficiente.



Patri

Sé que nunca te lo he contado.
Lo que me pasaba.
Créeme que no ha sido porque no confiase en ti.
Sólo quería ahorrártelo. 
No querría que te sintieses así ni un segundo.

También, sé que he sido egoísta contigo.
Estaba tan confundido y cabreado, hermanita.
Y que puedo haberte hecho daño alguna vez.

Ahora, te marchas y vas a ser muy feliz allí.
No te pongas triste. 
Ya sé que te duele dejarlos aquí.
Que todavía te da mucho miedo estar sola.

No pienses así.
Tú nunca estarás sola.
Porque yo me quedaré contigo.
Siempre, que me necesites.
Cuando ellos se hayan ido, yo seguiré ahí.
Vigilando porque estés bien.
Protegiéndote.
Nunca te dejaré.

Créeme que ésta, pienso cumplirla.



Te necesito

Hoy, te necesito como nunca.
Vagabundo loco de manos vendadas y tripa rugiente.

¿Sigues temblando de frío en aquella habitación desnuda y
escribiendo "Los crímenes del futuro" frente al palacio?

Porque no he sido sincero del todo.
No me he atrevido.
A mí, también me importa.
Yo todavía quiero impresionar al comodoro.
Sueño con escucharlos.

Así que,
necesito que me lo recuerdes una vez más.
Dímelo ahora.

Que no significa nada.
Que lo sabré cuando lo consiga.
Y que sí merece la pena.
Escribir unos cuantos malos que no hacerlo.

Amar a la que no puedes tener.
A la que ni siquiera conoces.
Y puede que nunca comprendas.

Que el hambre,
que me devora,
me ayudará.
Y que sólo cabe pensar en lo siguiente.
Lo que está por llegar.



No te los tomes demasiado en serio

Llevo en ello desde el principio.
Intentando escribírtelo.
Encontrar las palabras.

Fallo una y otra vez.
Acumulo derrotas.
Ya ni las cuento.

Así que, no te los tomes demasiado en serio. 
Porque ninguno te hace justicia.
No importan.

No son nada comparado con lo que siento cuando te tengo delante.



Nochebuena

Sobremesa de cabezas de langostinos y vino espumoso.
El mantel con muñecos de nieve de mi madre.

Mi padre se sienta en frente de mí.
No le hace falta decirme nada.
Lo sé sólo con mirarlo.

Se siente culpable.
Por eso que mi abuela le ha dicho esta mañana.
Cuando ha ido a visitarla.
Que aguantaba por él 
pero que su hija sí se la habría llevado de allí.

Lo intento.
Le sonrío y le alcanzo la mano.
No sé qué hacer para rescatarlo.

Me quedo en silencio.
Mientras mi padre se hunde en un río helado.
Sólo mirando.
Dejando que ocurra.



Si pudiera...

Recuerdo aquella pareja llorando en el mirador.
Amanecía.
Su mano acariciándolo.
Soñaron que podrían hacerlo.
Estaba roto y se empeñaron en juntar los pedazos.
Volvió a hacerse añicos.

Esa ciudad desierta,
los gigantes de hormigón, piedra y mármol alzados al día
y las sombras alargadas.
Igual a los cuadros de Chirico.
La única que me la devolvió.

También, me acuerdo de aquella otra pareja en kimono.
Caminando por la acera de noche 
a la luz de las farolas y los crisantemos en flor. 
La sandía que compartieron y lo que vi en sus ojos cuando se miraban.

Si pudiera sólo volver allí un momento y sentir lo mismo...



Mentiras

Se lo escuché a un niño.
Un pequeño genio.
Le preguntaron: ¿Por qué mientes?
Para tener ventaja, dijo.

Es muy triste.
Pero, cierto.
Se hace por ellos.

Ahora, mírate a ti mismo un momento.
¿No decías que eras valiente?

Di
si tú no lo sientes,
si no lo quieres,
si no te importa.

Si ya has encontrado algo para ti,
algo que amas con todo,
y te da igual que lo sepa (lo que piense) el resto.



Originales

Algunos creen que lo son.
Por combinar un chaleco de traje con unas zapatillas
o
por llevar las uñas a varios colores.

Por perforarse la piel o
grabarse sus ideales.

Ahí, empieza y termina su originalidad.
No se dan cuenta que lo original está debajo.
Detrás de los ojos.
En las manos.
Todo lo que podrías hacer y dejas que se esfume.

¿Quién quiere tatuajes cuando se tienen cicatrices?



Contradicciones

Está bien contradecirse, chico.
Que no te preocupe hacerlo a menudo.

Desconfía de los que no lo hacen y
de los que hablan mal de ello.

Sólo los fanáticos tienen miedo a contradecirse.



Mediodía

Me despierto.
Es casi mediodía.
El sol no se ha levantado esta mañana.
Puede que se le hayan pegado las sábanas.

El aliento de las nubes toca los cristales de la ventana.

Estoy descalzo.
Mis pies suplican en un tenue balanceo.
Mis manos hacen lo que pueden.
A eso que vive dentro del pecho se le escapa un suspiro.
Sopla entre los huecos de las costillas.
Los huesos están a punto de astillarse.

Hace mucho frío en mi cuarto.
El radiador tirita desde la esquina.
Algo llora muy cerca.

¡No te preocupes, mamá!
Ya sé que no puedes encenderla.

Ya lo haré por mi cuenta.
Pateando las aceras de ahí afuera.
Calentará mi sangre.
Me calentará todo lo que llevo conmigo.

Porque lo reconozco...
Aún sigo muy enfadado, preciosa.



Cambios

Discuto con él 
como antaño.
Hacía mucho tiempo.

Hablamos de resistentes.
Los maquis de las montañas, 
las bombas de ETA
y
la llegada de la democracia.

También de 
la Bastilla en julio de 1789 en París,
la Revolución Bolchevique,
las cartas de Azaña,
la reconciliación de Mandela y
esas sufragistas frente al congreso.

Lo revolvemos todo.
Vamos acelerados.
Puede que sólo sea un problema a la hora de expresarse.

Me dice que no escucho.
Que no entiendo su punto de vista.

Él no puede tolerar eso.
Cree de todo corazón.
Hay diferencia.

Y claro que la hay.

Hay quienes lo hacen por idealismo.
Equivocados o no (manipulados o no), lo creen de verdad.
Arriesgan todo.
Lo dan todo.

Y para los que sólo es negocio.
Lo hacen para tener aún más.
Su avaricia los pierde.
Los identificarás rápido.
Cuando teman perderlo, 
se echarán atrás.
Conseguirán que sean otros los que lo hagan por ellos.

Pero, te equivocas en algo.
ningún cambio es pacífico.
Nunca lo son.
Son dos fuerzas que colisionan.
Tratan de imponerse una sobre la otra.
Siempre, ha sido así.

Y no tiene porque prevalecer 
la que tú consideras 
justa,
bondadosa y
correcta. 

Imagina...
un chico que necesita irse.
Su padre le dice que no está listo.
Que no puede hacerlo. 
Que lo quiere y no lo dejará ir.
El chico le responde: "Me voy, papá".

Su padre se pone delante de la puerta.
El hijo lo intenta pero no lo logra.
Rabioso, empieza a destrozarlo todo.
El padre trata de calmarlo pero no se aparta.
Al final, su hijo lo golpea varias veces.
Lo deja tirado en el suelo.
Y los dos lloran desconsolados.

¿Ves?
A eso, me refiero.
Hay otra forma de hacerlo.
¿Por qué no le habla?
Trata de explicárselo.
De hacérselo entender.

Sí. 
Es otra forma.
Pero, tiene poco de pacífica también.
Te refieres a cambiar su forma de pensar.
Hacer que renuncie a lo que siente.
Que lo acepte.
Derrumbar parte de su mundo.

No lo sé.

Vamos... papá.
Ambos sabemos que hay palabras que,
según de quién vienen,
hacen más daño que un puñetazo.


jueves, 28 de diciembre de 2017


Martilleo

Me siento al borde de la cama.
El mar está en calma y
el cielo no arde.
Los pensamientos se descuelgan 
como una araña.

Estoy esperando.
Apurando mis horas.

Y allí quedan,
a lo lejos,
las hojas
y
mi silla
toda despellejada.

Uno de los clavos sobresale.
Yo lo golpeo hasta que vuelve dentro.
Lo siento clavarse en mí.
La infección en la carne.
Retumban en mis oídos.

Pero, no ceso.
Sigo a martillazos
mientras escucho 
a ese adicto a las pastillas 
que le canta 
a sus hijas y 
a las mujeres
que lo abandonaron.


martes, 19 de diciembre de 2017


La torre

No importa lo arriba que subas.
Que puedas refugiarte en la torre más alta
y correr las cortinas.
Siempre, habrá alguien mirando con envidia.
Allá abajo.
Dándote el jaque.

Si no me crees,
acuérdate de lo que le sucedió 
al fabricante de zapatos.



Intestino

Hoy, entro a las 16:30.
8 horas de turno por delante.

Voy al cuarto de baño.
Dejo a mi familia terminando de comer.
Partida una conversación interesante.

Me lavo los dientes.
Me siento sobre el váter.
Es, entonces, cuando escucho la pregunta.

¿David, qué hace, a una peli, buena?

Aún estoy en ello, papá.

¿Y a una obra maestra?

Llegados aquí, lo tengo claro.
Que sea mi intestino el que responda.



Ballet

Mi hermana me lleva a ver El Cascanueces.

Hay un baile cortesano.
La nochebuena.
Nieva.
Un brujo hechiza el palacio.
Las criaturas de cristal se elevan por encima del escenario.
Son preciosas.

Al salir, mi padre nos invita a un restaurante.
Pedimos tortilla de bacalao y pastel de aguacate.
Y le dice a mi hermana...
¡No te enfades!
No estoy menospreciando el resto de bailes que a ti te gustan.
Sólo digo que el ballet es la máxima expresión de la danza.

Yo no estoy de acuerdo.
La máxima expresión de la danza es el sexo.



Mi habitación

Un chacal negro azabache vigilante desde el primer estante.

Las cataratas Victoria en piedra al lado de la ventana.

Esa calabaza quemada por dentro y mi propio monstruo de Frankenstein.

La muñeca de Bellmer sobre el cabecero de la cama.

El duende irlandés con su caldero de oro.
Me lo trajo mi hermana.

Y esa fotografía del crucero por Grecia.
Tendría unos 6 años.
En brazos de mi padre.
Tocando sus orejas.
¡Cómo me gustaban!



Sueño a la luz del día

Está hecho de horas imperfectas.
Ilusiones perdidas,
gritos reprimidos
y tiempo reencontrado.

De cubos de basura en el patio.



La herida

Tengo el estómago hinchado.
La piel amarillenta y amoratada.
Todavía, está abierta.
Me tiran los puntos.
Lucha por cerrarse.

Puede ser que tenga fiebre.
Algo gatea por mi cabeza.
Me gotea en el iris.

Pero, no cesan.
Siguen llegando.
No bajan de allí arriba.
Creo que vienen de este hueco remendado.
En mi ingle.
Así que
meto mis dedos y las saco de ahí.
Las arranco de mí.

Me abandono un momento.
Pierdo el control.
Y estoy seguro de una cosa.
No significan nada solas.
Cada una existe por la siguiente.
Un continuo renacimiento.
Toda su voluntad.

Entonces, ella se acerca a limpiarme la herida.
La seca con muchísimo cuidado.

Me pregunta: ¿Te duele, cielo?

No.
Esto no duele, mamá.

Y nos sonreímos 
por todo lo que ambos sabemos y
no le cuento.



Recuerda

Ya sé cuánto duele.
Pero, puedes soportarlo.
No te matará.
No se muere por esto.
Lo hará el tiempo.

Recuerda lo que decía el pintor de porcelana.
Allí, entre sus platos y tazas.
"El dolor pasa; la belleza permanece". 


viernes, 8 de diciembre de 2017


Mujeres

Ellas ya estaban antes.

Pero,
si no fuese así,
habría que imaginarlas.
Componerlas como música.

Proceden de la niebla de madrugada.
Criaturas que parpadean y hacen reinar el caos.
Traen el desastre en sus risas.
Hechizadas.
Están hechas de otra cosa.
De galaxia y agujero negro.

Tú sólo... ¡Aguanta el dolor!
Lo que experimentas ahora es algo prematuro.
Quédate a su lado.
Mírala y tócala.

Y trátala bien, pequeño mentiroso.
Incluso a la que más daño te haga.
A la que dejes hacértelo.
Porque ella te lo mostrará.

Nada más puede.


jueves, 7 de diciembre de 2017


Esto lo podrás entender

Ya nos lo hemos dicho todo.
¿A qué marearlo más?

Tú ya lo has sentido con muchos.
Se lo has dado.
Y dices que lo cambiarías.
Que no quieres volver.

Pero, yo nunca lo he tenido.
Y quiero sentirlo al menos una vez.
Sé que esto puedes entenderlo.

Tú no me lo vas a entregar.
Así que, 
es mejor dejarte y
buscarlo en otra parte.

No te preocupes.
Te quedan tus otros chicos excepcionales.

No me echarás de menos.
Me olvidarás en seguida.
Porque a ti te encanta 
el chico que te mira como yo lo hago.
El que te escribe lo que yo te escribo.
No yo.

Vamos.
Vuelve a recordar todo lo que no te gusta nada de mí.
Mis caras de acelga, como las llamas.
Eso que no paras de señalarme en cuanto tienes oportunidad.

Vale.
Puede ser que tengas razón.
Que acabe pensando como tú.
Pero, nadie escarmienta en cabeza ajena.

De momento, no me arrepiento.



Ya los has leído

Y son bastantes.

Ahora,
dime si crees que
a mí
también
me entra la flojera.



Menuda estupidez

Te equivocas, preciosa.

El dolor no crea nada.
Ni la felicidad deja de hacerlo.
Son sólo una pobre excusa.
Un punto de comienzo.
La forma de asomarse.

Lo hace el que vive dentro.
En alguna parte
donde
ni tú ni yo
nos atrevemos a mirar.
El desconocido tras la puerta.

¿Estás ahí escuchando?
Aquí, hay otro espacio en blanco.
A ver qué eres capaz de hacer.




No ha sido la cerveza
ni esa asquerosa ginebra con sabor a gominola.

No.
Me lo has dejado tú.
Te he bebido entera.
¿Por qué no me advertiste desde el principio?
Que dejaría este amargor en la boca.

Pero si... sí me avisaste.
¿De qué me estoy quejando entonces?

De todas formas,
tú tampoco tienes nada que recriminarme.
Creo recordar que yo también lo hice.



Las vidrieras

A los husmeadores de tragedias.
Habéis gastado todo el día fuera.
Buscando alguna que os haga sentir mejor.

Venir ahora conmigo y os llevaré allí.
A las vidrieras.
Los dos amarrados.
Uno frente al otro.
Aguantándose las ganas de llorar.
Deseando que se acabase cuanto antes.

Y cuando él se lo dijo claramente.
Ella fue incapaz de responder.
Sólo bajo la cabeza y cerró sus preciosos ojos.
Él no pudo continuar.
Se le hizo un nudo en la garganta.
¡Mírame, preciosa! Ahora es cuando hay que ser valiente.

Y cuando ella le dijo: eres muy especial para mí.
Dime que vamos a ser amigos siempre.
Esta vez, fue él quien no se atrevió a responder.
Ambos lo supieron al instante.
No había forma de salvarse.
El bote se hundía.

Y terminó como tantas otras veces.
Ella diciendo...
Joder, al final vas a odiarme.

No te odio.
Sólo estoy cansado.
Necesito irme a casa.
Hoy, no compro más miseria.


miércoles, 6 de diciembre de 2017


Manual de relaciones

Es así, chico.
No hay dudas.
Nunca las hubo.

Ella no lo siente.
No lo hará jamás.
Lamentablemente, esto no se puede forzar.
Arde de forma espontánea o no lo hace.

Y, aunque lo consiguieses,
removiendo cielo y tierra,
aunque la engañases a ella y a ti mismo,
nunca sería suficiente.
Pensarías y te sentirías como dice ella.

Somos egoístas.
Queremos que nos quieran exactamente como nosotros queremos.
Somos quienes los hacemos especiales a ellos.
Los que lo imaginamos todo.
Así, son las cosas.
Ella tiene razón.

Así que, 
no pienses que es por tu culpa.
Porque es demasiado para ti.
Porque te queda grande.
Por tu falta de experiencia.
Por lo que te ha faltado decir.
Por lo que has hecho mal.
Nada lo cambiaría.

No eres tú 
y
no puedes estar eternamente enfadado y triste.
Entiendo que ahora no lo veas.
Pero...
Es verdad.
No tengas miedo.
No desesperes.
Volverás a sentirlo por otra
y otras lo verán en ti.
Puede que, incluso, lo descubras en la misma que lo vea.
Verás que merece la pena.
Es mejor que no haberlo sentido nunca en la vida.
No te arrepientas.
Ella se equivoca en eso.

No te diré que no llores.
Ya sé cuánto duele.
Que estabas dispuesto a renunciar a todo.
Que se lo habrías dado todo y
ella no lo quiere.
Pensar que lo ha querido de otros que no se lo han dado.
Que lo han desperdiciado.
Que la han despreciado.
Pero, tienes que dejarlo estar.
Olvidarla y salir afuera a por más.

No es justo.
Ya lo sé.
Pero, tampoco, para ella.
Sé sincero.
Ambos sabemos que vas a romper tu promesa.

Al fin y al cabo, 
todos tenemos que renunciar a algo.


lunes, 4 de diciembre de 2017


14/88

Uno para ellos.
Que lo escriben en los muros de mi barrio.

88 no es vuestra pleitesía.
Es mi año de nacimiento.

Y

14 no son esas jodidas palabras.
El futuro de vuestros niños blancos.
Es el tiempo que me llevó atreverme a hacerlo.



Mientras tanto

Si he de dar algún consejo,
que sea éste.

No te aceleres.
No te impacientes.
Concédete tiempo.
No seas tan duro contigo.
Cuando lo sientas dentro, saldrá.
Sabrás que ha empezado y
lo harás entonces.
Con todo en contra.
Todas tus limitaciones.
Te dará igual.

Mientras tanto...
Que no se te escapen los pequeños detalles.
No te los pierdas.
Pon atención.

Lo que hace la espuma antes de irse por el desagüe.
Las pecas que aparecen en las manos de tu madre.
La última vez que las conté, eran 36.
Y ese refugio en los brazos de los que amas.
Escúchalos a ellos.
Cómo rugen sus corazones cuando te acercas.

Quédate allí,
hasta que llegue el momento.


domingo, 3 de diciembre de 2017


Cupido

"Cupido debió haberme echado alguna maldición".
Le escuché cantar.

Para mí, es lo mismo.
Encontré al querubín alado.
Se las corté y le rompí el arco.
Y así...
Impedí que me lo hiciese de nuevo.

¡Cómo lloraba!

Pero,
sigo aquí de todas formas.
Frente a esto que me separa.
Algo que no consigo superar.
Que no puedo saltar ni derribar.
Continúo.
Me hago pedazos los huesos y el corazón.
Me duele todo.

No puede ser de otra manera.
No sé rendirme.
Nunca lo hago.



¡Qué loca forma de amar tienes!

¿Se puede estar atrapado en un "te quiero" durante tres horas?

¿Se puede vivir sólo de eso?

Responde. 
Tú sabes más que yo.

¿Y qué pasa si es uno mismo el que no quiere salir?
El que piensa que podría quedarse allí para siempre. 

¿Acaso existe otra forma?
Me lo tomaré como un cumplido.



Pesimista

No me molesta 
que no estés de acuerdo en nada conmigo.
Todo lo contrario.
Me encanta.

Lo único que me da miedo es 
que a ti ya no te importe.
Que lo dejes.
Que ya no quieras intentarlo.

Tratar de convencerme de que estoy equivocado. 



Adolescencia

Huele a estación de ferrocarril.
Al sol de primera hora de la mañana.
Los chicos del jaco viendo pasar los trenes.

Y sabe a destornillador.
A vodka barato y naranja.
Esas conocidas arcadas.

Dulzona y pegajosa.
Su brillo de labios. 

Hay cosas que cambian. 
Pero, otras no.

Yo sigo escuchando "The Kids Aren´t Alright".
Sólo que... 
ahora, entiendo exactamente de qué estaban hablando.


sábado, 2 de diciembre de 2017


El siguiente

Otro día.

De cielo despejado,
suelo gris,
ojos melosos y
carne rosada abierta.

La estatua está helada.
Un crío asiático se me cruza.
Viene de uniforme y riéndose.
Sopla el viento.
Trae arena.
La floristería en la esquina y la ortopedia un poco más adelante.
Consigue que me entre cosquilleo en la pierna izquierda.

Me llegan los ruidos desde el cemento.
Los gritos del kiosquero.
El tintineo de las copas de la terraza. 

Y yo camino sobre las baldosas.
No voy a ninguna parte.
Sigo a lo mío.
Los dejo atrás.
Con la música en los tímpanos.
Suenan viejas canciones de los Misfits.

Una voz engolada le canta a
la mujer rajada encima del sofá,
al bebé chillando y
a las manzanas de caramelo.

Puede ser Lady Godiva entrando a caballo.

O aquella aristócrata cubierta de pieles.

El que ha conducido durante toda la noche del sábado.
Para enterrarla en el cementerio junto al mar.

Me recuerda a las niñas Merrye.
Y a eso que nadaba con ella bajo la laguna.
A mis viejas películas de monstruos de la Universal.

Aparece y desaparece.
Esa sensación.
Me siento bajo un encantamiento.
Me entrego a placer.
Pensando en el siguiente.



Intolerable

Lo leo en un periódico que encuentro tirado.
Otra más.
Me pone de mala hostia.
Me hierve la sangre.

Esto ya no es la jodida casa de muñecas de Ibsen.
Es una guerra.

Así que, 
plantad batalla, preciosas.
Que no os dobleguen.
Dejárselo claro.

No importa cuántos golpes des, no te tengo miedo.

Y cuando te vayas a la cama,
duerme con un ojo abierto. 
Porque esta noche puede ser en la que suceda.
Cuando se deslice silenciosa a tu lado
con el cuchillo en la mano y
te lo corte por fin
de una maldita vez. 


viernes, 1 de diciembre de 2017


El primer corte es el más profundo

Me llegó tarde.
A mis 29.

Dicen que el primer corte es el más profundo.
Al menos, así lo maullaba el gato inglés.

¡Pongámoslo a prueba!



Los amantes

Extiéndeme como la mantequilla.
Y trágame.
En el remolino de sábanas.
En esta habitación de moqueta sucia y ventanas tapiadas.
Que impiden que entre el sol.

¿Por qué nunca me hablaste de ellas?
Deja de perder el tiempo y sal ahí afuera.
A jugar con esas furias salvajes.

Pero, no lo hagas como esos dos amantes.
Los que van encapuchados.
Esa pareja de maniquís.

No.
No seré uno de ellos.
Yo lo haré al descubierto.
Para sentir los golpes y hacerme daño.



La muñeca

No sabes cómo te entiendo.

No eres un pervertido.

La viste en el umbral.
Allí, de pie junto a la escalera.

Y sentiste toda su tristeza.
Te entraron ganas de abrazarla.
Para que dejase de llorar.


jueves, 30 de noviembre de 2017


¿Y tú qué?

Sentados en la taquilla a la noche cerrada y tranquila.
La vemos atada ahí enfrente.
Una más de ésas que visten los edificios de mi barrio.

Las quemaba todas, me dice.

Yo me contengo la risa.

Son para oprimir a los demás.
A los que son diferentes.
A los que no piensan como ellos.

Sí, puede ser verdad.
Igual que la cruz que te he visto, alguna vez, llevar al cuello.

Ella tuerce el gesto.

Claro que... tú no lo crees.
Sólo te gusta como te queda.
¿Verdad?

¡Eres un cabrón!

No has pensado que muchos de ellos tampoco la sienten.
Sólo les gusta como les sienta.
Igual que tú.

Entonces, le arden los ojos.
Se hace irresistible.

¡Perdona!
Se me olvidaba que no soportas que te miren a ti.
No estás preparada para ser juzgada, como tú dices.
Jajajaja.

¿Y tú qué?

Me encantará que seas tú la que lo haga.
Vamos.
Échame toda la mierda encima.
Recrimíname todo lo que no aguantas de mí.
Achácame eso que se pasea por tu cabeza y no te atreves a decir.
Hazlo ahora 
yo lo escribiré cuando vuelva a mi habitación esta medianoche. 



Mocasines

Mi chica de barrio humilde.
Presume de tolerante.
Pero, los prejuicios se le enredan por entre las pestañas.
Y lo notas en sus ojos cuando los ve pasar.
Chicos bien del distrito Chamartín.

Nunca, dice ella.

Tiene gracia.
Mi chica orgullosa de barrio obrero.
Asustada de unos mocasines.
Dime...
Si yo me los pusiese,
¿Me mirarías también por encima del hombro?


miércoles, 29 de noviembre de 2017


Baila

Pequeña ninfa de los bosques.
Recoge tu pelo cascada y frota el barro seco de tus pies.

Tienes los labios y la lengua malvas y azules.
Te comiste todas las moras y los arándanos que encontraste.
Ahora, te duele el estómago.
No sabes parar a tiempo.

Estuviste jugando con otro ingenuo de cabeza rizada.
En el claro de luna anoche.
Se derrumbó otro castillo de naipes.
Se apagó otra vela.

Ya sé cómo te sientes.
Por qué lo haces.

Tan asustada de quedarte enjaulada.
De no poder volver a ser tú.
Así, te sentiste junto a ellos.
No quieres entregárselo de nuevo.
Sufrir más decepciones.
¿Verdad?

Está bien.
Aquí, te espero.
¿No me oyes llamándote?

Acércate y baila a mi alrededor.
Yo no intentaré atraparte.
Sacude tu polvo mágico sobre mí.
Déjame ver el fuego en tus ojos.
Que me llegue tu olor.
Más cerca.
No me muevo.

Hagámoslo otra vez.
Si te atreves...

Esa clase de pelea que a ambos nos encanta.



Asomándose


Estabas muy sexy colocando el agua.
Allí, de rodillas en el suelo.
Con la falda subiéndose y el tatuaje asomándose.

Pero... más lo estás ahora aquí,
soplándome las palabras al oído.




Iracundo

No te acerques ahora
o te haré mucho daño.
Porque no vengo solo.
Traigo el infierno bajo las uñas.

Y lo peor es lo que creo que sigue.
Te encontraré más común y obvia que nunca.
Pensaré que te idealicé, como me dijiste.
Te sentiré falsa.
Que has perdido sustancia.
¿Dónde está eso tan especial que, una vez, descubrí en ti?

Ahora, me acojona pensar que me lo he imaginado.
Que me lo he inventado.
Que jamás fue después de todo.

Mejor terminar aquí entonces.
Igual que tú tantas veces.
Dándote las gracias y deseándote buena suerte.



Supongo

Así que, te parecen cínicos...

A mí, también a veces.

Supongo que los que te gustan son
los de tu hermano
y
los de tu poetisa underground.
Pero, yo no puedo escribir como ellos.

Cínicos o no, éstos son los míos.
Los que yo escribo.


martes, 28 de noviembre de 2017


Un trago de amoniaco

Los suicidas no son cobardes.
No es verdad.
Lo son los que se quedan y 
no son capaces de entenderlo.
Los que permanecen y 
no quieren sentirlo multiplicado por 1000.



Fascinante

Me pregunto qué era lo que Blake se metía
o, mejor dicho, 
qué se metía dentro de él
para escribir como lo hacía.



Artistas

Ocurre durante la celebración.
En los postres.
Todo por una buena discusión.
Como de costumbre.

Empiezan con
qué es arte y qué no.
Quiénes merecen llamarse así y quiénes no.
Elaboran, cuidadosamente, sus listas.
Los muertos invocados a la mesa para ratificar a los vivos.
El ánimo a punto de estallar.

Al poco tiempo, creo haberlo entendido.
Creen que es lo que queda fuera de sus capacidades
(de sus posibilidades).
Algo que piensan que la mayoría nunca podrá hacer.

Creo que a lo que conceden valor, 
por encima de todo, 
es a la dificultad de hacerlo.
Al dominio y a la técnica.
No al hecho en sí mismo.
Ni a la necesidad que lo sustenta y provoca.
La que lo libera.

Pero, yo no intervengo.
No hago las mías desde hace mucho.
Hace una eternidad, que dejó de preocuparme.

En su lugar,
sólo sonrío y digo... ¡Feliz cumpleaños, tía!
Pensando en el filo de la arista (sin T) de mi ventana.



Viaje al fin de la noche

Golpeo mi batería en forma de corazón con las manos hasta sangrar.
Escucho la música resonar en mi cabeza.
Las notas me aflojan el nudo alrededor de la garganta.
Es un misterio de dónde vienen y cómo lo hacen.
Me deja acariciar un momento.

Me hace señas desde la claraboya.
Se ha liberado.
Por allí, salgo.
Me deslizo por la cornisa.
Abandono esta casa que me resulta tan extraña y ajena.
Dejo atrás mi cama vacía y el suelo recién acuchillado.

Corro hacia las farolas que parpadean.
Subo la cuesta de los repartidores.
Me acuesto en el asfalto.
Huele a neumático quemado.

Los árboles se mecen con el viento.
Hay un remolino en el cielo.
El eco de los golpes a la puerta del vecindario.
Algo está llamando desde muy lejos.
Y yo me incorporo.
Sigo caminando.
Viajo al fin de la noche.
El aire húmedo me cubre.
Una capa de agua.
Pero, lo siento arder por dentro hasta los huesos.

Me paro en todos los sitios que encuentro.
Entro allí.
Donde las almas se congregan.
Gritan y bailan.
A algunas, ya las conozco.
Me distraigo con ellas.
Las provoco.
Me quedo.
Esperando que no se desvanezca.
Lo que sea que lo mantiene despierto.

Aún, me queda tiempo.
En seguida, iré en su búsqueda.


lunes, 27 de noviembre de 2017


Musas

Todos soñamos con las musas alguna vez.
Moviéndose ligeras y
acercándose a tocar.
Pero, ellas no existen.

Sólo habitan en la cabeza de esos beodos.
Esos románticos las imaginaron a su semejanza.
Igual que guardar pompas de jabón en un cofre.
No son de verdad.
No están aquí.

El dolor, sí es real.
La frustración.
Lo que bombea tu sangre y
acelera tu respiración.
Eso que te hace llegar.
Lo que te hace sentir vivo.

Tu necesidad de hacer algo mientras lo sigas estando.



Lo que importa

Todos las arrastramos.
Decepciones, desilusiones, desengaños, desencantos...
La vida está hecha de eso.
Nadie se salva.

Lo que importa es no dejarse.
Quedarse allí tirado lamentándose por haberlas encontrado.
Prometiéndose no volver a sentirlas.

Lo que importa es saber qué hacer con ellas.



Ya lo era antes

¿Qué estáis diciendo?

Ya lo era antes.

Igual que el holandés errante.
Nunca vendió un cuadro.

¿Va en serio?
¿Creéis que vale más ahora
que lo tenéis colgado de las paredes
que cuando estaba vivo y lo hacía?

Es una pérdida de tiempo.
No entendéis nada.
Os dejo solos.
A seguir aguardando vuestros deseos de éxito.



Eres injusto

¡Qué injusto puedes llegar a ser, bestia airada!
Eres muy injusto conmigo.

Sí, claro que lo soy.
Igual que los otros.

A mí, ellos no me lo parecen.

Es normal.
No eres tú sobre la que escriben.


domingo, 26 de noviembre de 2017


Mis simpatías con la teoría

El tragaluz.
Burch lo llamó así.
Y no creo que haya una mejor forma de referirse a ella.

Y recuerdo que fue leyendo a Bazin,
cuando comprendí que
ni siquiera había empezado.

Nada se ha hecho todavía.

Todo está abierto y a la espera.



Para empezar

Vamos a ver...

Ni formalismo.
Ni expresionismo.
Ni simbolismo.
Ni naturalismo.
Ni realismo.

Sólo cine.

Cuanto vi
y cuanto tengo que olvidar.

Empezar por el principio.



Nunca me entusiasmaron

Empecé por leer
los remordimientos del estudiante
y las memorias de la prisión.

A Gógol, sólo lo acaricié.
No me monté en el carruaje fúnebre.

Mi padre me habló sobre el vals de Shostakóvich.

Y recuerdo que les dije que a Tolstói podían metérselo por ahí.

Tantos y tantos otros.
Ninguno excepto uno.
Ése que filmó al niño corriendo sobre el agua.

Él, sí.



Una mancha azul y morada

Un ser sin ojos.

El pelo cobrizo cayéndole sobre los hombros.
Un reflejo verde alrededor.
La carne desnuda.
Él acostado en ella.
El cuello a la vista.
Confiado de que no le va a hacer ningún daño.

Y la noche envolviéndolos.



Algo inesperado

Estaba sentado aquí,
cuando ella entró.

¿Quieres sentirla?, le pregunté.

Extendí mi mano gélida hasta alcanzar su tripa.
Entonces, ocurrió algo inesperado.
No se estremeció.
Permaneció allí.
Sin moverse.
Sin decir nada.
Mirándome a los ojos y
calentándome la mano.



Pereza

La enana.
Anoréxica y encorvada.
Se burla desde un rincón.

Yo la sonrío.
Le digo... tranquila.
Sólo estoy esperando.
Recargándome.

Antes de que acabe el día,
te volveré a poner de rodillas.
Igual que a tus hermanas mayores.

Observad.
Las tenéis magulladas
de tantas veces que lo he hecho
últimamente.



Extraviarse

Columpiarse entre las hojas.
Extraviarse en el blanco.
Fluyen las imágenes a través del arco.
Dispersan las nubes amenazantes del cielo.

Los enamorados bajo la sombrilla junto al puerto.

Mis vacaciones permanentes.

Aquella mañana en la carretera.
Donde asesinaron al comunista.
La emboscada a la manera de los senadores romanos.
El vaho saliéndoles por la boca.
Él sentado en el asiento de atrás
sin atreverse a mirar.
Y ella chillando y
dando golpes contra la ventanilla.

Es lo mejor de todo.


sábado, 25 de noviembre de 2017


Fiesta de Halloween

Eh, ¿Por qué tú no lo llevas?

Sí que lo llevo.
La criatura va dentro.
No puedes verla.
Pero,
como la deje salir,
os vais a cagar todos patas abajo.



Sinestésico

Caravaggio degolla cuerpos.

Goya sombrea gigantes en la bruma.

Magritte hace añicos el espejo.

Y Kandinsky lo llena todo de
líneas,
colores y
números.

Cada uno a su forma.
Uno contra todos.
Uno contra el resto.
Como siempre.



El censor

Está dentro de tu cabeza.
No fuera.
El peor de todos.
Te lo han inculcado desde pequeño.
Inocularon sus mentiras y acabaron germinando.

Todo el daño que te han causado.
Ahora, luchas por librarte de ellos.
Por hacerlos salir.
Matarlos antes de que lo hagan contigo.

¡Cuántos no lo han conseguido!
Me recuerda a los autómatas de Grosz.
Esos cuadros tan llenos y vacíos a un mismo tiempo.
Tan oscuros y violentos.
Es deprimente pensarlo.

Pero, algo viene en mi ayuda.
Aquel corredor de fondo.
No terminó la carrera.
Lo que había en sus ojos cuando lo dejó.
Cuando lo entendió.
Con todos esos gritos a su alrededor.
Cuando lo miró de cara
y supo que no se lo daría a él.

Su oportunidad de salvarse.
Seguía allí,
cuando lo metieron
de vuelta al taller de reparaciones.
A apretar las máscaras de gas.



Déjame

Eres un chico muy inteligente.
Tengo un presentimiento.
Está a punto de pasarte.

Sí... un chico con talento.
Entonces,
¿Por qué esta jodida sensación?
De que estoy perdiendo.
De que siempre lo he hecho.
De que, todavía, no he conseguido nada.

Dime,
¿Puedes responder a eso?

No.
No puedes.
No tienes ni idea, claro.
Pues no hables más y aléjate de mí hasta que se pase.

Si me aparto en una esquina
y no hablo con nadie,
con la mirada incandescente de un pirómano,
no me busques las cosquillas.

¿Crees que estoy aquí para hacerte reír o para entretenerte?
No soy tu maldita criatura de circo.
Tu payaso humillado y triste.

Búscate a otro con quien jugar
y déjame tranquilo.



Ése es tu problema

Es una llama pálida que combustiona los cuerpos.
Los hace arder por dentro.
No podemos evitarlo.
Todos queremos tocarla.

Es verdad.
Es un juego macabro.
Te lo hacen a ti y tú se lo haces a otros.
¿Crees, en serio, que es algo de lo que presumir?
No lo es.
Pero, de lo que lamentarse tampoco.

Tu problema es que no sabes cuándo parar.
Podrías no haberte acercado aquel día en la escalera tras la primera.
Podrías haberlo dejado estar si lo que sentías era indiferencia.

Vale.
Cada uno imagina lo que quiere.
Estoy de acuerdo.
Y no creo en tus malas intenciones.
Todos nos equivocamos.
Ahora, toca olvidarse y empezar de cero.

Tu problema es que no sabes hacerlo.
Me has señalado a mí y
también se lo has recriminado a ella.
Buena en ver la paja en el ojo ajeno.
Deberías mirarte a ti misma.

Me dijiste,
la otra noche,
que no lo estabas.
Que no era por él
sino por esos momentos compartidos.
Lo que te hicieron sentir.

Bien...
Te responderé a riesgo de enfurecerte.
De romperlo todo, como consigo siempre. 
Es un eufemismo.
Uno de tus subterfugios.
Estás fingiendo otra vez.

¿Sabes de lo que estoy seguro?
Si tuvieses la más mínima esperanza
de que no te escribe
porque se aburre y le apetece follar,
dejándote destrozada durante días,
correrías, de nuevo,
junto a él.

Igual que hiciste tantas veces.

Ése es tu problema.
No sabes jugar.
No sabes cortar a tiempo.
De raíz.
Olvidar a los que te han hecho sufrir y
dejar que se aparten los que lo hacen por ti.

No.
Prefieres vivir de momentos agridulces.
Quedarte ahí compadeciéndote y justificándote.
En vez de mandarlo todo a la mierda y
comenzar de nuevo.

Y no se trata de no ser una hija de puta, como tú dices.