miércoles, 28 de febrero de 2018


Purista

Un escritor,
un poeta,
debe ser exigente con el lenguaje.
Debe cuidar las palabras.

Escribir lo más correcto que pueda.

No puedes usar las de ellas.
Son todas inventadas.
Ni siquiera aparecen en la RAE.
Las escucharon de su madre.
Y ella, a su vez, de su abuela.

Pero, ¿Qué estás diciendo?
Lo siento.
No estoy de acuerdo.

¿Por qué no habría de hacerlo?
Si aprendí observándolas y escuchándolas.
Algo que no leí jamás en un libro.
Si ellas me han enseñado más que el jodido Machado.

Es mi herencia.
No pienso renunciar a ella.



Buenas noticias

Si quieres hacerlo,
deberías ir allí
y darte una vuelta, me dijo.

Sube a la 5ª planta y revisa las estanterías.
Echa un vistazo a las nuevas.
Lo que están publicando ahora.
A los cabezas de cartel.
Léelos.

Ya lo he hecho.
Y tengo buenas noticias.
Ya lo hago mejor que ellos.

Y sólo acabo de empezar.



Escalera al cielo

Vuelvo allí.
Ese lugar donde me refugié tantas veces.

Subo la escalera.
Pero, esta vez, no voy solo.
Ella viene conmigo.

Apenas empieza, me mira a los ojos.
Se acerca a mi boca.

Entonces, todo cambia.
Ella lo consigue.
Ese viejo teatro que conozco tan bien ya no es el mismo.

El palco de butacas cambia.
El telón rojo cambia.
Las paredes pintadas de azul cambian.
La pantalla cambia.
La oscuridad que lo envuelve cambia.

Joder, si hasta Chaplin cambia con ella allí.

No hace sino mejorarlo todo.



Atragantada

Me lo cuentan mientras ceno en la cocina.

Se me atraganta.
La rabia sube y enciende mis ojos.

Están a punto de llorar.
Y yo la contengo.

Yo no quiero vivir así.
Que me arrastre.

Las miro otra vez.
Entonces, se calma.
Ya no quiero dejarla salir.

Porque sé que no merece la pena.
Hacerles daño por nada.
Al final, haré cualquier cosa por ellas.

Las que siempre han estado.

Porque cuando me llegó mi oportunidad
y estaba allí cabizbajo y lleno de dudas...
Fueron ellas las que se acercaron.

¿Qué? ¿Vas a hacerlo?

No lo sé, chicas.

¡Hazlo!, me dijeron sonriendo.



Te entiendo

Sé cómo te sientes.
Que lo piensas de vez en cuando.
Lo que podría haber sido.
Si hubieses elegido otra cosa.

Lo que podrías haber hecho. 
Con todo el talento y la capacidad que tienes.
Igual que mi abuela.
A la que no conocí.
Desperdiciado.

Relegada a cuidarnos a nosotros.
A velarnos.
A soportar todo el peso sobre ella.
Sin apenas tiempo para sí misma.

Créeme que te entiendo, mamá.
No te culpo.
Es normal que te sientas así.
Todo tu dolor y frustración.
Tu desencanto.
Son los míos.


martes, 27 de febrero de 2018


Por cada uno de ellos

Me acuerdo de los niños del paraíso.
Sobreviviendo ahí afuera.

Del que se bañó de noche en la Fontana di Trevi.
Cuando se enteró de que lo había hecho.
Que se había suicidado.
Su dolor en aquella playa.

Moreau al otro lado del teléfono.
Echada sobre la hierba y llorando mientras salía el sol.

Y de cómo se miraban en las de Kar Wai.
De cómo se tocaban en las de Ki-Duk.

Aquella mañana, viendo la plegaria del soldado.

Y de aquellas tres adolescentes de Haddonfield
corriendo aterrorizadas.
Justo antes de mi graduación.

Lo hacía a todas horas.

Éste va por cada uno de los que calmó mi ansiedad.
Por cada uno que lo consiguió.



La rana

Lo encontraron en el contenedor de basura.
Llorando y chillando.
Allí, fue donde lo arrojó su madre.

A muy corta edad, lo entendió.
Que era diferente al resto.
El talento que tenía.
Con el que había nacido.

En seguida, lo descubrió.
Y empezó a hacerlo.
No tenía ni 20 años cuando lo creó.

Cuando embotelló el elixir del diablo.