martes, 28 de noviembre de 2017


Viaje al fin de la noche

Golpeo mi batería en forma de corazón con las manos hasta sangrar.
Escucho la música resonar en mi cabeza.
Las notas me aflojan el nudo alrededor de la garganta.
Es un misterio de dónde vienen y cómo lo hacen.
Me deja acariciar un momento.

Me hace señas desde la claraboya.
Se ha liberado.
Por allí, salgo.
Me deslizo por la cornisa.
Abandono esta casa que me resulta tan extraña y ajena.
Dejo atrás mi cama vacía y el suelo recién acuchillado.

Corro hacia las farolas que parpadean.
Subo la cuesta de los repartidores.
Me acuesto en el asfalto.
Huele a neumático quemado.

Los árboles se mecen con el viento.
Hay un remolino en el cielo.
El eco de los golpes a la puerta del vecindario.
Algo está llamando desde muy lejos.
Y yo me incorporo.
Sigo caminando.
Viajo al fin de la noche.
El aire húmedo me cubre.
Una capa de agua.
Pero, lo siento arder por dentro hasta los huesos.

Me paro en todos los sitios que encuentro.
Entro allí.
Donde las almas se congregan.
Gritan y bailan.
A algunas, ya las conozco.
Me distraigo con ellas.
Las provoco.
Me quedo.
Esperando que no se desvanezca.
Lo que sea que lo mantiene despierto.

Aún, me queda tiempo.
En seguida, iré en su búsqueda.


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