sábado, 25 de noviembre de 2017


Ése es tu problema

Es una llama pálida que combustiona los cuerpos.
Los hace arder por dentro.
No podemos evitarlo.
Todos queremos tocarla.

Es verdad.
Es un juego macabro.
Te lo hacen a ti y tú se lo haces a otros.
¿Crees, en serio, que es algo de lo que presumir?
No lo es.
Pero, de lo que lamentarse tampoco.

Tu problema es que no sabes cuándo parar.
Podrías no haberte acercado aquel día en la escalera tras la primera.
Podrías haberlo dejado estar si lo que sentías era indiferencia.

Vale.
Cada uno imagina lo que quiere.
Estoy de acuerdo.
Y no creo en tus malas intenciones.
Todos nos equivocamos.
Ahora, toca olvidarse y empezar de cero.

Tu problema es que no sabes hacerlo.
Me has señalado a mí y
también se lo has recriminado a ella.
Buena en ver la paja en el ojo ajeno.
Deberías mirarte a ti misma.

Me dijiste,
la otra noche,
que no lo estabas.
Que no era por él
sino por esos momentos compartidos.
Lo que te hicieron sentir.

Bien...
Te responderé a riesgo de enfurecerte.
De romperlo todo, como consigo siempre. 
Es un eufemismo.
Uno de tus subterfugios.
Estás fingiendo otra vez.

¿Sabes de lo que estoy seguro?
Si tuvieses la más mínima esperanza
de que no te escribe
porque se aburre y le apetece follar,
dejándote destrozada durante días,
correrías, de nuevo,
junto a él.

Igual que hiciste tantas veces.

Ése es tu problema.
No sabes jugar.
No sabes cortar a tiempo.
De raíz.
Olvidar a los que te han hecho sufrir y
dejar que se aparten los que lo hacen por ti.

No.
Prefieres vivir de momentos agridulces.
Quedarte ahí compadeciéndote y justificándote.
En vez de mandarlo todo a la mierda y
comenzar de nuevo.

Y no se trata de no ser una hija de puta, como tú dices.


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