sábado, 30 de diciembre de 2017


Mediodía

Me despierto.
Es casi mediodía.
El sol no se ha levantado esta mañana.
Puede que se le hayan pegado las sábanas.

El aliento de las nubes toca los cristales de la ventana.

Estoy descalzo.
Mis pies suplican en un tenue balanceo.
Mis manos hacen lo que pueden.
A eso que vive dentro del pecho se le escapa un suspiro.
Sopla entre los huecos de las costillas.
Los huesos están a punto de astillarse.

Hace mucho frío en mi cuarto.
El radiador tirita desde la esquina.
Algo llora muy cerca.

¡No te preocupes, mamá!
Ya sé que no puedes encenderla.

Ya lo haré por mi cuenta.
Pateando las aceras de ahí afuera.
Calentará mi sangre.
Me calentará todo lo que llevo conmigo.

Porque lo reconozco...
Aún sigo muy enfadado, preciosa.


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