jueves, 30 de noviembre de 2017


¿Y tú qué?

Sentados en la taquilla a la noche cerrada y tranquila.
La vemos atada ahí enfrente.
Una más de ésas que visten los edificios de mi barrio.

Las quemaba todas, me dice.

Yo me contengo la risa.

Son para oprimir a los demás.
A los que son diferentes.
A los que no piensan como ellos.

Sí, puede ser verdad.
Igual que la cruz que te he visto, alguna vez, llevar al cuello.

Ella tuerce el gesto.

Claro que... tú no lo crees.
Sólo te gusta como te queda.
¿Verdad?

¡Eres un cabrón!

No has pensado que muchos de ellos tampoco la sienten.
Sólo les gusta como les sienta.
Igual que tú.

Entonces, le arden los ojos.
Se hace irresistible.

¡Perdona!
Se me olvidaba que no soportas que te miren a ti.
No estás preparada para ser juzgada, como tú dices.
Jajajaja.

¿Y tú qué?

Me encantará que seas tú la que lo haga.
Vamos.
Échame toda la mierda encima.
Recrimíname todo lo que no aguantas de mí.
Achácame eso que se pasea por tu cabeza y no te atreves a decir.
Hazlo ahora 
yo lo escribiré cuando vuelva a mi habitación esta medianoche. 



Mocasines

Mi chica de barrio humilde.
Presume de tolerante.
Pero, los prejuicios se le enredan por entre las pestañas.
Y lo notas en sus ojos cuando los ve pasar.
Chicos bien del distrito Chamartín.

Nunca, dice ella.

Tiene gracia.
Mi chica orgullosa de barrio obrero.
Asustada de unos mocasines.
Dime...
Si yo me los pusiese,
¿Me mirarías también por encima del hombro?


miércoles, 29 de noviembre de 2017


Baila

Pequeña ninfa de los bosques.
Recoge tu pelo cascada y frota el barro seco de tus pies.

Tienes los labios y la lengua malvas y azules.
Te comiste todas las moras y los arándanos que encontraste.
Ahora, te duele el estómago.
No sabes parar a tiempo.

Estuviste jugando con otro ingenuo de cabeza rizada.
En el claro de luna anoche.
Se derrumbó otro castillo de naipes.
Se apagó otra vela.

Ya sé cómo te sientes.
Por qué lo haces.

Tan asustada de quedarte enjaulada.
De no poder volver a ser tú.
Así, te sentiste junto a ellos.
No quieres entregárselo de nuevo.
Sufrir más decepciones.
¿Verdad?

Está bien.
Aquí, te espero.
¿No me oyes llamándote?

Acércate y baila a mi alrededor.
Yo no intentaré atraparte.
Sacude tu polvo mágico sobre mí.
Déjame ver el fuego en tus ojos.
Que me llegue tu olor.
Más cerca.
No me muevo.

Hagámoslo otra vez.
Si te atreves...

Esa clase de pelea que a ambos nos encanta.



Asomándose


Estabas muy sexy colocando el agua.
Allí, de rodillas en el suelo.
Con la falda subiéndose y el tatuaje asomándose.

Pero... más lo estás ahora aquí,
soplándome las palabras al oído.




Iracundo

No te acerques ahora
o te haré mucho daño.
Porque no vengo solo.
Traigo el infierno bajo las uñas.

Y lo peor es lo que creo que sigue.
Te encontraré más común y obvia que nunca.
Pensaré que te idealicé, como me dijiste.
Te sentiré falsa.
Que has perdido sustancia.
¿Dónde está eso tan especial que, una vez, descubrí en ti?

Ahora, me acojona pensar que me lo he imaginado.
Que me lo he inventado.
Que jamás fue después de todo.

Mejor terminar aquí entonces.
Igual que tú tantas veces.
Dándote las gracias y deseándote buena suerte.



Supongo

Así que, te parecen cínicos...

A mí, también a veces.

Supongo que los que te gustan son
los de tu hermano
y
los de tu poetisa underground.
Pero, yo no puedo escribir como ellos.

Cínicos o no, éstos son los míos.
Los que yo escribo.


martes, 28 de noviembre de 2017


Un trago de amoniaco

Los suicidas no son cobardes.
No es verdad.
Lo son los que se quedan y 
no son capaces de entenderlo.
Los que permanecen y 
no quieren sentirlo multiplicado por 1000.



Fascinante

Me pregunto qué era lo que Blake se metía
o, mejor dicho, 
qué se metía dentro de él
para escribir como lo hacía.



Artistas

Ocurre durante la celebración.
En los postres.
Todo por una buena discusión.
Como de costumbre.

Empiezan con
qué es arte y qué no.
Quiénes merecen llamarse así y quiénes no.
Elaboran, cuidadosamente, sus listas.
Los muertos invocados a la mesa para ratificar a los vivos.
El ánimo a punto de estallar.

Al poco tiempo, creo haberlo entendido.
Creen que es lo que queda fuera de sus capacidades
(de sus posibilidades).
Algo que piensan que la mayoría nunca podrá hacer.

Creo que a lo que conceden valor, 
por encima de todo, 
es a la dificultad de hacerlo.
Al dominio y a la técnica.
No al hecho en sí mismo.
Ni a la necesidad que lo sustenta y provoca.
La que lo libera.

Pero, yo no intervengo.
No hago las mías desde hace mucho.
Hace una eternidad, que dejó de preocuparme.

En su lugar,
sólo sonrío y digo... ¡Feliz cumpleaños, tía!
Pensando en el filo de la arista (sin T) de mi ventana.



Viaje al fin de la noche

Golpeo mi batería en forma de corazón con las manos hasta sangrar.
Escucho la música resonar en mi cabeza.
Las notas me aflojan el nudo alrededor de la garganta.
Es un misterio de dónde vienen y cómo lo hacen.
Me deja acariciar un momento.

Me hace señas desde la claraboya.
Se ha liberado.
Por allí, salgo.
Me deslizo por la cornisa.
Abandono esta casa que me resulta tan extraña y ajena.
Dejo atrás mi cama vacía y el suelo recién acuchillado.

Corro hacia las farolas que parpadean.
Subo la cuesta de los repartidores.
Me acuesto en el asfalto.
Huele a neumático quemado.

Los árboles se mecen con el viento.
Hay un remolino en el cielo.
El eco de los golpes a la puerta del vecindario.
Algo está llamando desde muy lejos.
Y yo me incorporo.
Sigo caminando.
Viajo al fin de la noche.
El aire húmedo me cubre.
Una capa de agua.
Pero, lo siento arder por dentro hasta los huesos.

Me paro en todos los sitios que encuentro.
Entro allí.
Donde las almas se congregan.
Gritan y bailan.
A algunas, ya las conozco.
Me distraigo con ellas.
Las provoco.
Me quedo.
Esperando que no se desvanezca.
Lo que sea que lo mantiene despierto.

Aún, me queda tiempo.
En seguida, iré en su búsqueda.


lunes, 27 de noviembre de 2017


Musas

Todos soñamos con las musas alguna vez.
Moviéndose ligeras y
acercándose a tocar.
Pero, ellas no existen.

Sólo habitan en la cabeza de esos beodos.
Esos románticos las imaginaron a su semejanza.
Igual que guardar pompas de jabón en un cofre.
No son de verdad.
No están aquí.

El dolor, sí es real.
La frustración.
Lo que bombea tu sangre y
acelera tu respiración.
Eso que te hace llegar.
Lo que te hace sentir vivo.

Tu necesidad de hacer algo mientras lo sigas estando.



Lo que importa

Todos las arrastramos.
Decepciones, desilusiones, desengaños, desencantos...
La vida está hecha de eso.
Nadie se salva.

Lo que importa es no dejarse.
Quedarse allí tirado lamentándose por haberlas encontrado.
Prometiéndose no volver a sentirlas.

Lo que importa es saber qué hacer con ellas.



Ya lo era antes

¿Qué estáis diciendo?

Ya lo era antes.

Igual que el holandés errante.
Nunca vendió un cuadro.

¿Va en serio?
¿Creéis que vale más ahora
que lo tenéis colgado de las paredes
que cuando estaba vivo y lo hacía?

Es una pérdida de tiempo.
No entendéis nada.
Os dejo solos.
A seguir aguardando vuestros deseos de éxito.



Eres injusto

¡Qué injusto puedes llegar a ser, bestia airada!
Eres muy injusto conmigo.

Sí, claro que lo soy.
Igual que los otros.

A mí, ellos no me lo parecen.

Es normal.
No eres tú sobre la que escriben.


domingo, 26 de noviembre de 2017


Mis simpatías con la teoría

El tragaluz.
Burch lo llamó así.
Y no creo que haya una mejor forma de referirse a ella.

Y recuerdo que fue leyendo a Bazin,
cuando comprendí que
ni siquiera había empezado.

Nada se ha hecho todavía.

Todo está abierto y a la espera.



Para empezar

Vamos a ver...

Ni formalismo.
Ni expresionismo.
Ni simbolismo.
Ni naturalismo.
Ni realismo.

Sólo cine.

Cuanto vi
y cuanto tengo que olvidar.

Empezar por el principio.



Nunca me entusiasmaron

Empecé por leer
los remordimientos del estudiante
y las memorias de la prisión.

A Gógol, sólo lo acaricié.
No me monté en el carruaje fúnebre.

Mi padre me habló sobre el vals de Shostakóvich.

Y recuerdo que les dije que a Tolstói podían metérselo por ahí.

Tantos y tantos otros.
Ninguno excepto uno.
Ése que filmó al niño corriendo sobre el agua.

Él, sí.



Una mancha azul y morada

Un ser sin ojos.

El pelo cobrizo cayéndole sobre los hombros.
Un reflejo verde alrededor.
La carne desnuda.
Él acostado en ella.
El cuello a la vista.
Confiado de que no le va a hacer ningún daño.

Y la noche envolviéndolos.



Algo inesperado

Estaba sentado aquí,
cuando ella entró.

¿Quieres sentirla?, le pregunté.

Extendí mi mano gélida hasta alcanzar su tripa.
Entonces, ocurrió algo inesperado.
No se estremeció.
Permaneció allí.
Sin moverse.
Sin decir nada.
Mirándome a los ojos y
calentándome la mano.



Pereza

La enana.
Anoréxica y encorvada.
Se burla desde un rincón.

Yo la sonrío.
Le digo... tranquila.
Sólo estoy esperando.
Recargándome.

Antes de que acabe el día,
te volveré a poner de rodillas.
Igual que a tus hermanas mayores.

Observad.
Las tenéis magulladas
de tantas veces que lo he hecho
últimamente.



Extraviarse

Columpiarse entre las hojas.
Extraviarse en el blanco.
Fluyen las imágenes a través del arco.
Dispersan las nubes amenazantes del cielo.

Los enamorados bajo la sombrilla junto al puerto.

Mis vacaciones permanentes.

Aquella mañana en la carretera.
Donde asesinaron al comunista.
La emboscada a la manera de los senadores romanos.
El vaho saliéndoles por la boca.
Él sentado en el asiento de atrás
sin atreverse a mirar.
Y ella chillando y
dando golpes contra la ventanilla.

Es lo mejor de todo.


sábado, 25 de noviembre de 2017


Fiesta de Halloween

Eh, ¿Por qué tú no lo llevas?

Sí que lo llevo.
La criatura va dentro.
No puedes verla.
Pero,
como la deje salir,
os vais a cagar todos patas abajo.



Sinestésico

Caravaggio degolla cuerpos.

Goya sombrea gigantes en la bruma.

Magritte hace añicos el espejo.

Y Kandinsky lo llena todo de
líneas,
colores y
números.

Cada uno a su forma.
Uno contra todos.
Uno contra el resto.
Como siempre.



El censor

Está dentro de tu cabeza.
No fuera.
El peor de todos.
Te lo han inculcado desde pequeño.
Inocularon sus mentiras y acabaron germinando.

Todo el daño que te han causado.
Ahora, luchas por librarte de ellos.
Por hacerlos salir.
Matarlos antes de que lo hagan contigo.

¡Cuántos no lo han conseguido!
Me recuerda a los autómatas de Grosz.
Esos cuadros tan llenos y vacíos a un mismo tiempo.
Tan oscuros y violentos.
Es deprimente pensarlo.

Pero, algo viene en mi ayuda.
Aquel corredor de fondo.
No terminó la carrera.
Lo que había en sus ojos cuando lo dejó.
Cuando lo entendió.
Con todos esos gritos a su alrededor.
Cuando lo miró de cara
y supo que no se lo daría a él.

Su oportunidad de salvarse.
Seguía allí,
cuando lo metieron
de vuelta al taller de reparaciones.
A apretar las máscaras de gas.



Déjame

Eres un chico muy inteligente.
Tengo un presentimiento.
Está a punto de pasarte.

Sí... un chico con talento.
Entonces,
¿Por qué esta jodida sensación?
De que estoy perdiendo.
De que siempre lo he hecho.
De que, todavía, no he conseguido nada.

Dime,
¿Puedes responder a eso?

No.
No puedes.
No tienes ni idea, claro.
Pues no hables más y aléjate de mí hasta que se pase.

Si me aparto en una esquina
y no hablo con nadie,
con la mirada incandescente de un pirómano,
no me busques las cosquillas.

¿Crees que estoy aquí para hacerte reír o para entretenerte?
No soy tu maldita criatura de circo.
Tu payaso humillado y triste.

Búscate a otro con quien jugar
y déjame tranquilo.



Ése es tu problema

Es una llama pálida que combustiona los cuerpos.
Los hace arder por dentro.
No podemos evitarlo.
Todos queremos tocarla.

Es verdad.
Es un juego macabro.
Te lo hacen a ti y tú se lo haces a otros.
¿Crees, en serio, que es algo de lo que presumir?
No lo es.
Pero, de lo que lamentarse tampoco.

Tu problema es que no sabes cuándo parar.
Podrías no haberte acercado aquel día en la escalera tras la primera.
Podrías haberlo dejado estar si lo que sentías era indiferencia.

Vale.
Cada uno imagina lo que quiere.
Estoy de acuerdo.
Y no creo en tus malas intenciones.
Todos nos equivocamos.
Ahora, toca olvidarse y empezar de cero.

Tu problema es que no sabes hacerlo.
Me has señalado a mí y
también se lo has recriminado a ella.
Buena en ver la paja en el ojo ajeno.
Deberías mirarte a ti misma.

Me dijiste,
la otra noche,
que no lo estabas.
Que no era por él
sino por esos momentos compartidos.
Lo que te hicieron sentir.

Bien...
Te responderé a riesgo de enfurecerte.
De romperlo todo, como consigo siempre. 
Es un eufemismo.
Uno de tus subterfugios.
Estás fingiendo otra vez.

¿Sabes de lo que estoy seguro?
Si tuvieses la más mínima esperanza
de que no te escribe
porque se aburre y le apetece follar,
dejándote destrozada durante días,
correrías, de nuevo,
junto a él.

Igual que hiciste tantas veces.

Ése es tu problema.
No sabes jugar.
No sabes cortar a tiempo.
De raíz.
Olvidar a los que te han hecho sufrir y
dejar que se aparten los que lo hacen por ti.

No.
Prefieres vivir de momentos agridulces.
Quedarte ahí compadeciéndote y justificándote.
En vez de mandarlo todo a la mierda y
comenzar de nuevo.

Y no se trata de no ser una hija de puta, como tú dices.



Las mejores conversaciones

Suceden de forma espontánea.
Cuando estamos ebrios y desinhibidos.

Surgió una la otra noche.

Se lo pregunté a ambos.
¿Entonces, es el género una cuestión
de biología o de psicología?

Él respaldó la primera.
Eres como naces.
Ella salió en inmediata defensa de la segunda.
Eres como te sientes.

No es así para mí.
No le doy la menor importancia.
Creo que no es más que otra forma de llamarlo.
De darnos un nombre con el que estemos cómodos.
Con el que podamos sentirnos seguros y completos.
Al que acogerse.
Para que no busquemos más.

En el fondo...
Sólo otro límite.


viernes, 24 de noviembre de 2017


Quejas

Más amargo que lamentarse
por lo ya ocurrido
es
hacerlo por lo que nunca sucedió
e imaginaste tantas veces.

Creo que yo gano esta vez.
Aquí, sentados en la acera.



Escatológico

De nuevo, en el aseo público.
No hay papel.

Sólo resta una simple decisión.
La misma de siempre.

O te limpias tú
con tus propias manos;
O pides ayuda.

Tú mismo.



Pánico

Sé lo que sientes al pensarlo.
Que te convenzan de que es verdad.
Que no puedes hacer nada por evitarlo.
Que todo te viene dado.

Ahora, escúchame a mí.
Ignóralos a ellos.
Volveré a escribírtelo.
A tocarte bajo la piel.
Tú aprieta fuerte y
deja de llorar.

¿Es eso lo que sientes?
Lo que te da pánico.
Aterrada de olvidar quién eres.
Lo especial que eres.

Yo puedo recordártelo.



La señorita Austen pregunta...

La señorita Austen quiere saberlo.
¿Eres orgulloso?
¿Es el orgullo un defecto o una virtud?

Eso depende.
Es suelo mojado.
Imposible no resbalarse de vez en cuando.

Es sentir, querer y vivir
de forma diferente a como lo hace el resto.
A no participar de su tragedia.
A salvar tu parte genuina.
Mantener tu voluntad y esencia intactas.
Antes de que te la quiten o la pierdas.

Pero,
si no tienes cuidado con él,
puede encerrarte dentro y
no dejarte salir nunca más.
Puede llegar a hacerte creer
que estás completamente solo.
Puede dejarte ciego y volverte frío.
Incapaz de distinguirlos.
Encontrar a ésos que sí son especiales.
Y hacer que no te atrevas a enseñárselo a ellos.
A dárselo.
Sean cuales sean las consecuencias.



Tristeza

Un pájaro carpintero me taladra el tronco.
Le hablo en voz baja.
Intento calmarlo.

La madera está seca y dura.
La sangre le chorrea.
Pero, sigue picoteando.
A ver qué puede sacar.
Algo para comer.

Entonando su triste melodía. 



Despedida

Ambos lo sabemos muy bien.

Cuando me vaya,
no nos volveremos a ver.
Tú no me escribirás
y yo me olvidaré de todo.
No querré escucharlo otra vez.

Pero si,
alguna vez,
te acuerdas de mí…
Si, alguna vez,
me echas de menos…
No te pongas triste.
Nada de muecas ni de sollozos.

Sólo vuelve a leerlos.
Recuerda que los escribí por ti.
Que empecé por ti.
Que una parte de mí siempre lo hará por ti.
Y que tú me salvaste cuando no me quedaba nada.
Cuando todo lo demás se había ido.

Prométeme, al menos, eso.



Sé que no te atreves sola

Asómate al fondo del precipicio.
Daremos un paseo por el borde.
Retrocede meses y años.
¿Ya los tienes allí de vuelta contigo?
Ésos que te redujeron a polvo.
Míralos de cara.

Tranquila.
No te asustes.
Recuerda que tengo agarrada por la cintura.
No te voy a dejar caer.

Ni se te ocurra empezar a correr otra vez.
“Sufrir es opcional y
yo espero no seguir haciéndolo”.
Eso es una cobardía y una estupidez.

Es inevitable.
Indispensable.
Es el único del que te puedes fiar.
El que no miente.
El que te mostrará
qué te importa de verdad,
qué quieres realmente y
quién o qué eres.

Si necesitas
llorar o gritar,
déjalo salir ahora.
No lo contengas.
Yo estoy aquí a tu lado
y no tengo intención de irme.



Mi albatros negro

Despliega tus alas.
Recoge otro cadáver sobre el océano.
Y trae la brisa marina hasta mi ventana.

Muerde mi piel escamada.
Arráncamela.
Me he fijado.
Has perdido muchas plumas desde la última vez.

Tengo algo que contarte.
Me dieron a probar con unas rayas de coca anoche.
Fue decepcionante.
¿Es esto de lo que todos hablan?
¿Lo que les parece tan fascinante?

No tienen ni puta idea, mi fiel amigo.
No saben lo que se siente.
Qué es.
Bañarse en el sol.
Apedrear la luna.
Cortejar a una montaña.
Hacer retroceder a los árboles.
Que el viento sople a tu voluntad.
Las huestes que suben y bajan por la columna.

Claro...
Tú no vuelas hacia ellos.
No te posas junto a ellos.
No les graznas tus secretos.

¿Cómo iban a saberlo?



A la deriva

En la noche dormida,
gigantes se asoman por la ventana.

Mi almohada está hecha de sueños de cemento.
Un fuerte viento me destapa.
Me quedo desnudo a la luz de la lámpara.
Hay una bailarina tras la cortina.
Y el techo descascarillado de allá arriba
se me antoja la bóveda celeste.

Me siento como Fausto esperando respuestas que no llegarán.

Está decidido.
Mañana, iré por el sendero de troncos torcidos.
Saltando entre las grietas.
Un peregrino hacia la Catedral de Mármol.
Dejando atrás los rostros exhaustos y malhumorados.
Ese viejo de la pastelería comprando las milhojas.
La hierba recién cortada mecida.
Las endrinas machacadas en el suelo.

Ahora, pienso en mi barrica de roble áspero.
En el sabor de mi destilado.
Tu piel suave y blanda.
Me humedece por dentro.
Aún, no sé decir el color de tus ojos.
Nunca me cansaré de mirarlos.
Nuestros cuerpos entrelazados hasta que el sol asciende.

Así, 
aspiro la noche dormida y estrellada.
La paso viajando.
Igual que la iguana le tentaba al pasajero.



Adelante

Lo tendrás todo.
Lo conseguirás.
Lo que soñabas.
Lo que creías que necesitabas.

Excepto, lo que más quieres.
Lo que, en verdad, más te importa.
Lo que anhelas con todo tu corazón.

Ya eres un adulto.



Pretencioso

Si hubieses visto la mitad de las que yo vi…
Si las hubieses sentido como yo las sentí…

Esas otras,
a las que estás tan enganchada,
esas otras,
que según tú son tan adictivas,
las de previa suscripción,
te dejarían tan fría como a mí.

Sí.
Sé que suena pretencioso.
Pero, de verdad,
lo pienso.



No quiero ser

No quiero ser de derechas.
Ni de izquierdas.
Tampoco, de centro.

No quiero ser un monárquico.
Ni un republicano.

No quiero ser un demócrata.
Ni un fascista.
Tampoco, un comunista.
Mucho menos, un anarquista.

No quiero ser un millonario.
Ni un oficinista.
Tampoco, un obrero.

No quiero ser un policía.
Tampoco, un abogado.
Ni un periodista.

No quiero ser un artista.
Ni un intelectual.
Ni un activista.
Ni un guerrillero.
Ni un objetor de conciencia.
Ni un ídolo de masas.

Nada a lo que le podáis poner uno de vuestros estúpidos nombres.

Vamos...
¿Algo tienes que ser, chico?


jueves, 23 de noviembre de 2017


Viajero

Lo he visto en uno de los andenes de la línea 9.

78º aniversario de la muerte del poeta de Orihuela.
Ya sabéis...
El que lloró
“las nanas de la cebolla”
desde la cárcel.

Uno de los que más le gustan a mi madre.

Yo nunca lo leí.

Puede que me acerque hasta la biblioteca esta tarde.
Y le eche un vistazo por fin.



¿Por qué estás llorando?

Esta noche,
apoyado contra la caseta,
ha ocurrido lo que sabía que pasaría.

Tan sólo uno de sus gimoteos me ha arrancado lágrimas.

¿Por qué estás llorando?, me ha preguntado.

Lloro por lo que creí que sentías
y no sientes realmente.
Porque no consigo diferenciar
cuando dices la verdad
y cuando mientes.

Porque pensé que tú serías la que lo haría.
La que se lo llevaría todo.
La que los callaría.
Como una tormenta.
Y, después, traería el sol.

Porque pensé que yo podría conseguirlo.
Hacerte olvidar a todos los que te decepcionaron.

Y me dices...
Que ha sido un malentendido.
Que es lo que hacemos cuando nos enamoramos.
Que vemos cosas que no existen.

Con la boca pequeña, como siempre.



El cadáver

Anoche,
cavé la fosa.
Enterré el cadáver.
Me la pasé entera en vela.
Esperando a que se enfriase.

De amanecida,
me he acordado de la vuelta desde San Blas.
Aquella madrugada.
Lo he rememorado todo.
Todavía, retumba dentro.

Nada te turbe.
Todo se pasa.
El sufrimiento es opcional.
Amor libre.
Toda esa mierda.

Ya no importa.
Pensar en lo que podría haber sido.
En lo que yo he hecho mal.
En todo lo que no he dicho.
Es mejor apartarse y dejarlo estar.

Me has llamado cínico.
Me dijiste, una vez,
que yo era lo más egoísta que habías encontrado.
Que sólo pienso en mis sentimientos.
Y puede que tengas algo de razón.
Pensaba que tú me enseñarías.

He atravesado cada nueva excusa.
Hemos pasado por todas ellas.
Me dijiste que lo malo se anteponía a lo bueno.
Que era yo.
La última fue que no podías quererme.
Que eras tú.
Bien...
De una forma u otra,
lo acepto.

Sólo quiero que sepas que mis intenciones fueron sinceras.
Que hubiese dado cualquier cosa.
Que hubiese renunciado a todo lo demás.
Que lo único que siempre me dolió fue esa maldita volatilidad.
Un día,
puedes subirme al cielo y,
al día siguiente,
arrastrarme por el suelo.

Pero, te juro que no me arrepiento.
Nunca deje a nadie acercarse así.
Ni hacerme tanto daño.
Ése es el mejor halago.
Me pareció ver algo inimaginable.
Y lo sentí tan real cuando estábamos juntos.

¿Quieres saberlo?
Lo volvería a hacer otra vez.
Lo que siento no lo cambio por nada.
¿Qué sentido tiene si no entonces?
Eso es lo que yo pienso.

Ya sé que cada uno siente lo que siente.
No hace falta repetirlo.
Que ahí, no caben órdenes.
Ni tampoco, rencores ni reproches.

Pero... lo siento.
Vuelvo a escucharte dentro de mi cabeza
y no puedo evitarlo.

Pensar que...

Tú eres la que finge.
La que no se cree sus propias palabras.
La de los subterfugios.
La que está perdida.
Aterrorizada de que le vuelva a pasar.
De que se lo vuelvan a hacer.
De que la vuelvan a romper.

La cobarde.
No yo.



Retorno

Esta noche, lo intentaré de nuevo.
Lo haré contigo
como otros lo hicieron antes conmigo.
Lo que esos estériles y frígidas no pueden.

No necesitas beber más.
Ni aspirar el polvo blanco.
Estoy aquí.
Sé que puedes sentirme.
Que te llega mi olor.
Lo noto en tus ojos y en la comisura de tus labios.

Voy a hacer que lo olvides todo.
Igual que cantaba aquel depresivo con el cuchillo en el pecho.

Mi caja de música.
Mi pájaro carroñero.
Te haré sentirlo dentro.

Haré chillar a los espejos
y al cielo arder.
Te perseguiré por los tejados.
Desnudos bajo las estrellas.
Veremos al monstruo deshojar otra margarita.
Sólo se lo mostraré a una.
Te haré sentir más viva que nunca.
Como nadie pudo hacerlo antes.

Tú sólo llévame allí.
A mi primer día en el bordillo de la piscina...
Acorralado tras la verja en el patio del recreo...

Hazlo y yo lo conseguiré esta noche.

Ya te lo dije y no me creíste.
Pensaste...
Exagera como los otros.
Pero, no es cierto.

Yo no soy uno de ellos.
Con los que estuviste antes.
No me hables más de ellos.
Yo no lo desperdiciaré.
No lo romperé.
Lo haré latir más fuerte.

Voy a hacer volar al cisne fuera del estanque.

Pues, todo empieza y acaba en ti.
Te lo he dicho mil veces.
No quiero subirme a un escenario.
No sueño con el muro de la fama
ni con que el mundo entero sepa mi nombre.

No.
No quiero que me cuelguen allí.
No los quiero cerca.
No quiero que nos vean hacerlo.
Solos tú y yo.

Sólo quedarme aquí contigo
y escucharte jadear cuando lo haya conseguido.



¿Qué tengo de especial?

Si eso es verdad,
Si yo soy sólo uno más,
¿Por qué te afecta tanto?

Aún tienes a tus otros chicos.
Siempre, los tendrás.
Puedes seguir haciéndolo con ellos.
Sólo tienes que chascar los dedos
y acudirán a la llamada.

Dime a qué viene esa cara.
Si estás enfadada.
Si te gustaría golpearme ahora.
Si has estado llorando.
Tienes los ojos hinchados.

Si aún llueve sobre
la puerta de Rashōmon 
por lo ocurrido allí en el bosque.


martes, 21 de noviembre de 2017


Esto es muy jodido

Mastico esta manzana intragable.
La tetera de mi madre está hirviendo.
La encimera pegajosa.

Y yo...
Me ceno tu risa
que aún me llega a los oídos
desde otro sitio.



No te esfuerces

Puedes explicármelo por enésima vez.
No lo entenderé.

¿Sentir pertenencia de un lugar
donde no he vivido,
que nunca he respirado y
por el que jamás caminé?

Si el paseo que va
de mi habitación
a la biblioteca pública
se me hace largo.

Demasiado para alambrarlo y fortificarlo.
Para reclamarlo para uno solo.

Y los que allí encontré,
los siento más míos que a vosotros.



Maldito país

Vivo en medio de este disparate histórico.
Una tierra que ha languidecido por siglos.
Que seguirá haciéndolo cuando yo haya desaparecido.

Rencorosos e irreconciliables.
Echándose en cara sus sentimientos nacionales.

Hoy, era día de convocatoria.
He vuelto a verlos.
Arrojados a las calles.
Han desempolvado las banderas.

Luego, se han ido al bar,
como de costumbre.
A mojar la garganta,
llenar la tripa
y a comentar la última.

Otra de las grandes se ha trasladado a La Palma.
Orgullosos y rebosantes.
Quieren verlos sufrir.

¡Que se jodan!
Eso es lo que piensan.
Lo que quieren para esos otros a los que también llaman españoles.



Hacienda en el banquete

Subsidio para vagos y maleantes
y a mí un 27% de retención.

¿Suerte?
Es fundamental.
Pero, no llega sola.
Hay que buscarla.
Se hace con talento y esfuerzo.
La única sostenible a largo plazo.
No ese principio del que estáis hablando.

Si yo trabajo más y mejor,
si genero más riqueza
y ofrezco una mayor contribución,
¿No debería tener una mejor prestación y servicio?

No sé...
¿Qué quieres que te diga?
Yo preferiría pagar
el 50% de 5000
que el 0% de 300.
Creo que os sigue saliendo a cuenta.

Hablas así porque no es tu dinero.

Es posible.
Pero, dime…
¿Cuánto más necesitas para estar satisfecho?
¿Cuánto más es suficiente?

No podemos evitar que,
en este mundo,
haya avaros y codiciosos.
Pero sí, convertirnos en uno de ellos.

Porque no olvides que
tus 5000 se sacan
de los 300 de muchos.



Frases sacadas de contexto

Vuelve a buscar entre las de tu lista.

Alguna que lo consiga.
Que pueda decirlo por ti.
Exactamente, lo que sientes ahora.
Nueva actualización de perfil.

Te quiero.

No soportaría que nadie te hiciera daño.

Has despertado en mí sentimientos muy contradictorios.
Te los escribo cuando los entienda (nunca ocurrió).

No hace falta
pero gracias por los poemas.

Tienes que dejar de escribir sobre mí.

Yo no habría insistido
pero reconozco que sí te he dado esperanzas.

Me conozco y,
si quisiera,
ya habría pasado algo.

Eres un impaciente.

No sé cómo me sentiré cuando pase.

Cuando te tenga fuera conmigo,
te voy a espabilar.

¿Sabes qué?

No te creo ni una sola palabra.
Se te va la fuerza por la boca.

Ya te lo dije en nuestra primera pelea.

Si es así...
¿Por qué no lo dejas?
¿A qué vienen esos ojos irritados?
¿A qué huir cuando nos quedamos solos?

¿Por qué lo haces ahora?
¿Por qué te sientes así?

¿Lo sabes ya o estás tan confundida como siempre?



Provocación

No sabría decir...

Cuántos de ellos me he cruzado por el camino.

Nada nuevo.
Siempre dicen lo mismo.
¡Mírame!
Soy más fuerte que tú.
Sé algo que tú no sabes.

Pero...
Son sólo boca.
Únicamente provocación.

Y la mierda que les sale es de otros.
Nunca suya.


lunes, 20 de noviembre de 2017


Las otras

Fue allí.
En las cabinas de la mediateca del campus.
Tercer piso.
Y en el videoclub de la calle San Vicente Ferrer.
Donde encontré las primeras.

Probé también con esas otras.
Las llamaban “gore”.
Películas de vísceras.

La mayoría no me hicieron nada.
Pero, hubo algunas que sí lo consiguieron.
Revolverme y sacudirme el estómago.
Cuando tanto lo necesitaba.

Vi las filmadas en Corea del Sur.

El día que Lanthimos lo grabó en el jardín.

Algunos piensan que lo de esa cinta francesa fue excesivo.

La reina de las moscas.
La sonámbula.
“¿Nessuno è a casa?
Sono una straniera.
Mi sono persa. Per favore, rispondete”.

La sinfonía de las agujas,
las cajas que palpitan y
todos esos fetos humanos arrojados a la orilla del río.