¿Y tú qué?
Sentados en la taquilla a la noche cerrada y tranquila.
La vemos atada ahí enfrente.
Una más de ésas que visten los edificios de mi barrio.
Las quemaba todas, me dice.
Yo me contengo la risa.
Son para oprimir a los demás.
A los que son diferentes.
A los que no piensan como ellos.
Sí, puede ser verdad.
Igual que la cruz que te he visto, alguna vez, llevar al cuello.
Ella tuerce el gesto.
Claro que... tú no lo crees.
Sólo te gusta como te queda.
¿Verdad?
¡Eres un cabrón!
No has pensado que muchos de ellos tampoco la sienten.
Sólo les gusta como les sienta.
Igual que tú.
Igual que tú.
Entonces, le arden los ojos.
Se hace irresistible.
¡Perdona!
Se me olvidaba que no soportas que te miren a ti.
No estás preparada para ser juzgada, como tú dices.
Jajajaja.
¿Y tú qué?
Me encantará que seas tú la que lo haga.
Vamos.
Échame toda la mierda encima.
Recrimíname todo lo que no aguantas de mí.
Achácame eso que se pasea por tu cabeza y no te atreves a decir.
Hazlo ahora
y
yo lo escribiré cuando vuelva a mi habitación esta medianoche.
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