sábado, 24 de marzo de 2018


Asociativa 

Sólo un momento.
Es lo que dura.

Mi madre me sirve un trozo de carne
y una sonrisa.

Y yo se la devuelvo
mientras
pienso en un baile entre esqueletos.



No es tan especial

Lo tuyo no es la Rosetta, chico.
No piensas en los que hubo antes,
los que hay ahora y 
los que vendrán.

Aún así, no lo pierdas.



Revisionismo

No sé...
Nunca me ha interesado.
De hecho, 
inconscientemente, 
siempre 
voy a la contra.

No lo hice en las pasadas.
Ni estoy tentado de hacerlo en las que vienen.

Mi colega me mira sarcástico.

Ahora bien, me parece genial que ellos sí lo hagan.
Comprendo que lo consideren insolidario e irresponsable.
Al fin y al cabo, ha de haber quien dé las órdenes.

Es necesario si aspiramos a cambiar el mundo.
Dar a luz a líderes y obedecer.

¿No?


viernes, 23 de marzo de 2018


Soy realista

Otro que me viene con lo mismo.
Yo lo que soy es realista.

No.
Tú lo que tienes es miedo.

Y te diré algo más.
El mundo es vuestro.
Vosotros ponéis las reglas.

Pero, el instante les pertenece a los otros.
Los que no lo están.
Los que saltan sin pensarlo y se estrellan de nuevo contra el suelo.

Porque saben de sobra que se levantarán para volver a hacerlo.
Y será aún mejor que antes.



La soledad

Se recuesta a tu lado.

Dentro de ti.

Una invitada indeseada.

Suplica y suplica.

Ser compartida.

Se queda contigo.
Esa hija de puta.
Te congela el cuerpo y te nubla los pensamientos.
Te hace compañía hasta hacerte creer que tú eres ella.
Como si le debieses algo.

Hay días que se hace muy difícil echarla fuera.



Es el colmo

Que me digas que me creo superior.

Que si no lo estuviera, pensaría que eres tonta.

Y luego,
no paras de decirme cómo me siento
y
cómo me sentiré.
Lo que pensaré y lo que haré.
Lo que pasará.
Porque es tu experiencia y sabes más.

¿Quién es el que trata de tonto al otro aquí?



Fe

Concédete... 

la tristeza.
La derrota.
El pesimismo de este momento.

Porque resurgirás más fuerte.



A la crítica constructiva

¿Y qué sabrás tú de los míos?

Si no estabas allí.
Cuando me retorcía.
Cuando todo se derrumbó.
Cuando me aguantaba las ganas de llorar para que no me oyesen.
Cuando no sabía ni cómo pedir ayuda.



El amor

Ese egoísta que llama a voces.

Porque uno puede darlo creyendo que no lo recibe.
Pero, no para siempre. 

Al final, se cansará.
Todos queremos a cambio.



No hay culpables

Se siente o no.
Si se siente, se hace.
Se elige.

Puedes buscar culpables, claro.

Ella o tú.
Tus traumas o los de ella.
Su miedo y la coraza de la que habla.
Tus exigencias y pataletas de niñato.

Lo que pasa es que lo has idealizado y se ha venido abajo.
No sabías nada, eh.

Y puedes ponerte todas las que quieras en medio.
Era ella pero no el momento.
No has sido paciente.
No lo has entendido.
No la has querido como ella necesitaba.
No la has dejado querer a su modo.

Cuando nada lo cambia.
Se siente o no.
Eso es lo que no has querido aceptar.
Así de duro, ha sido el golpe.
Y no te ha bastado con hacerla feliz.

Es lo que hay.



Una absurda petición

Supongo que me mencionarás.

Me acuerdo que pensé...

¿Para qué querrá aparecer ahí,
en la primera, 
si está en todas las siguientes?



¡Enhorabuena!

Al final, ha pasado lo que decía que pasaría.
Lo que dije siempre.
Tenía razón.

Pues... ¡Enhorabuena!
Lo importante era tener razón.



¡Qué difícil eres!

Hablo por hablar.
Muchas veces.
No significa nada.
Y tú analizando a conciencia cada frase.
No puedes tomártelo así.
Agota.

Ahora, sí que estoy perdido.
Vale.
Hagamos una cosa.
Avísame la próxima vez que hables en serio.

Que estés segura de que sientes y piensas lo que estás diciendo.



Metáforas

Faltan metáforas en los tuyos.

No.
Todo lo contrario.

Pienso que son un escudo.
Se lleva 
porque duele o 
por falta de confianza.

Yo no las quiero en los míos.
Sobran.
Están de más.


jueves, 22 de marzo de 2018


El despertar de un incendio

Caen desde allí.

Fluyen por mi mesa de cristal hasta tocar las teclas.

Ya empieza.

Mis ojos con sueño.

Y el corazón palpitante dentro.

Como el toro de Minos.

Nervioso porque llegue la noche y 
poder dárselos a ella.



Recíproco

No necesitas que suba contigo.
Al nido de cigüeña.

¿Los escuchas?
Te están llamando a ti.
Es tu momento.
Entrégalo ahora.

Yo estaré aquí abajo.
Mirándote.
Como ninguno de ellos puede.
Así, me llevarás allí arriba.

Lo entenderás cuando llegues.
Porque siempre fuimos nosotros.
Antes que ellos.

De una forma u otra, estaré.
Nada cambiará eso.



Me llamó

Y me dijo:
"Lo tuyo es poesía urbana".

No respondí.
Me quedé allí descolgado al otro lado pensando...

¿Y cómo le digo yo ahora, 
de una forma suave, 
que es imbécil?



Dedicatoria

¿No se te ha ocurrido pensar que 
tú eres la única que quiero que los lea? 

La primera que escribí.

La que todavía siento.


miércoles, 21 de marzo de 2018


¿Qué es lo mejor del dolor?

Te acuestas con sinusitis y
un dolor en la espalda de la hostia.

Y piensas que no puedes más.
Demasiado acumulado.
Que estás harto.
Te enfureces.
Te retuerces en el ataúd.
Suspiras.
Te arrepientes.
Tienes los ojos llorosos.

De repente, tu mente va hacia otro lado.
Otros pensamientos se cuelan.
Aparecen.

De a poco, lo sientes.

Que se está pasando.
Que lo has vuelto a hacer.
Que vuelves a ponerte por encima. 

Lo entiendes entonces.
La razón de que exista.
Dejarlo atrás.

Por lo que está por venir.



Lo que veía ahí

No se parecía a nada.
Ni a lo que yo quiero hacer.
A lo que creo que es.

Lo retorcía todo.
Quería controlarlo.
Manipularlo.
Transformarlo en otra cosa.
Dominarlo y
hacerse dueño de él.
Esa clase de efectismo.

No era cine.
Era más música y ballet.
Composición y coreografía.

Pero, lo encontraba fascinante.

Le surgieron cientos de imitadores.
Ninguno se acercó.

Salvo, quizás, Hitchcock.
Que ya lo hacía antes que él.



Aquel tipo estrábico y 
dientes ennegrecidos del tabaco

Estaba en lo cierto.

No eres lo que han hecho contigo
sino lo que tú haces con lo que han hecho contigo.

Así que, deja ya de lamentarte.
Todo está abierto.
Todo está a la espera.
Todo depende de ti.

A ver si eres capaz de hacerlo.


lunes, 19 de marzo de 2018


Bergman

De todos los que estuvieron,
de los que me ayudaron,
creo que fue él.

Tantas veces, que lo consiguió conmigo.
Que lo hizo salir de mí.
Que lo arrancó de dentro.
Que me descubrió.

Vi las fantasías de aquel niño.
Su linterna mágica.
Todo su ego y su crueldad.
Su tristeza.
Los días que estuvo a punto de hacerlo.
Su último refugio. Donde se aisló del mundo.
Y las marcas que hizo allí.
Cuando se fue de su lado.
Debió de pasarlo realmente mal.

Tanto, tanto que agradecerle...
Imposible de enumerar.

Monika saltando desnuda entre las rocas.
El caballero y su escudero
atravesando la tierra cubierta por la peste.
El cuenco de leche y la cuna en el claro.
El sendero en primavera donde violaron a aquella niña de los cirios.
El barco encallado y la araña entrando al cuarto.
El tren fúnebre y el teatro fantasmagórico.
Ese matrimonio consumiéndose con la madrugada.

Todos sus gritos.
Su desesperación.
Los pensamientos lascivos, maníacos, depresivos...
Y esos instantes de profunda belleza.
Que me mantuvieron vivo.

Que me hicieron sentir menos solo.


domingo, 18 de marzo de 2018


La semana pasada


El lunes, fui a buscarla a Torrespaña.
Comí con ella.
Me reí con ella.
Y, por la noche, me lo contó.
Que lo estaba intentando.
Pero, que no lo conseguía.
Que no sabía si volvería sentirlo.
Que lo echaba tanto de menos.
Yo le dije: "Sólo tienes 29 años. Claro que volverás a sentirlo".
Y la abracé. La tuve conmigo.
Fue fantástico.

El martes, soñé con las otras.
Las que mencionan las runas.
Ésas que cosen el manto del destino y la suerte.
Que nos envuelve a todos.
Yo me resistía.
No me dejaba.
Mientras enhebraban y me clavaban las agujas.
Me desperté bastante inquieto.

El miércoles, empecé a leerlo.
Y me di cuenta de que ya escribía sobre él incluso antes.
El que escuchó silbar las balas y los obuses en el campo.
De aquellos locos furibundos.
Ebrios de odio, coraje y estupidez.
Y lo último que dijo el coronel antes de estallar en mil pedazos.
Sí... muy bien ¿Pero, y el pan?

El jueves, quedé con ella.
En una sala de cine de Plaza de España.
Y lo había prometido.
Pero, volví a hacerlo.
A tender mi mano.
A sentirme como el cazador en el bosque.
Furtivo entre sus muslos.
Y cuando cerró los ojos y los apretó contra mí...
Fue lo mejor de la semana.

El viernes, lo tengo en blanco.

Ayer, volví a la taquilla.
A repetir las mismas.
A escucharlos.
¡Qué amable eres!
Y de madrugada,
echado,
me atormenté un poco hasta dormirme.
¿Por qué yo no puedo tenerlo?
¿Por qué esconderlo?
Si ella lo sintiese como yo; tomaría el riesgo.
No le costaría hacerlo.
Lo que no siente ahora... nunca lo hará.

Y aquí, estoy esta mañana.
Escribiendo.
Sin saber lo que me espera.
Con un mensaje de WhatsApp dando vueltas.
Esto acaba de empezar.

Mi vida es cojonuda.



¡Menudo engreído!

De un tiempo a esta parte, no puedo con ellos.
Ni siquiera con los que más me gustaban.
Sólo me gusta lo que hago yo.

¡Qué engreído!, me dijo.

Puedo entender su reacción.
No se lo echo en cara.
Es sólo que no comprendió.

Que era la única forma de hacerlo.
Que era la única forma en la que funcionaba.
En la que se calmaba.
Que no era que me creyese mejor.
Que los considerase falsos.
Que no confiase que ellos también lo sentían así.

Si hay algo que respeto es el dolor ajeno.
A fin de cuentas, 
a cada uno nos duele lo que nos duele.



Pretenciosa de los cojones

¿Quién es la que mira por encima del hombro?
¿Quién es la pretenciosa aquí?

¿Crees que tu causa es mayor que la mía?
¿Más importante?
¿Que tu dolor es más profundo que el mío?

Que estoy obligado a hacerlo como tú.
Que, de lo contrario, no me quedará ni rastro.

Hacer de las tuyas; las mías.



Extravagancia

Los hay que hacen de la extravagancia 
su carta de presentación en sociedad.

Siempre, atentos a si hay alguien mirando.
Escuchando.

Pienso en Wilde asistiendo a sus fiestas de la alta aristocracia.
Escupiendo sus citas célebres.

En Capote.
En su bañera y sus ademanes.
Su modisto de alcurnia.

Y en Dalí y sus juergas.
Allí, sentado dando sus entrevistas.
Peinándose el bigote.

No niego su talento.
Pero, lo que son ellos 
me sienta como una patada en las tripas.



Variantes

Puedes elegir.
Probar.

Pero, no tengas prisa al hacerlo. 
No dejes que el ansia pueda contigo.

Y acuérdate de lo que te decía ella.
Cuando eras un mocoso,
sentado sobre la encimera de la cocina.

¡Cuidado con el vinagre!



No te lo diré porque te vas a enfadar

¿Es eso lo que ves cuando me miras?

Muy bien.
Pues, déjame decirte lo que yo quiero.

Quiero que cojas al niño.
Lo cocines a fuego lento y te lo comas.
Como en aquellos cuentos de brujas.

Pero, mastícame despacio.
Porque puedo sentar muy mal al estómago.

Y ambos sabemos que es tu debilidad.



El duende

Cuando era pequeño, 
un duende vivía en casa de mis padres.

Se escondía en la falsa chimenea.
Se calentaba allí.
Nadie lo sabía.
Sólo yo.

Me pedía frutos secos y miel.
Y agua de limón.

Y juro que era él quien desordenaba 
las tazas del juego de té japonés de mi madre.

Ya...
Y supongo que ha sido él también
el que ha roto el plato de porcelana y
ha dejado descolgado el teléfono de la cocina, ¿No?

Entonces, lo miraba.
Él se encogía de hombros.

Y yo empezaba a reírme.


martes, 13 de marzo de 2018


90ª Ceremonia

Son las 04:00 de la madrugada.

Paciencia.
Ya vienen los importantes.
Se suben.
Empiezan con los discursitos.
A relamerse los unos a los otros.

Y los que observan abajo están entusiasmados.
Aplauden.
Gritan.
Son incansables.
Me pregunto, ¿Qué cojones ven ahí?
Algo que yo no puedo, seguro.

Ya sabía que pasaría.
No lo consigo.
No entiendo qué tiene que ver con ellas.
Conmigo.
Con lo que hacía con ellas en mi cuarto a puerta cerrada.
Hace ya años.
Con lo que algunos seguirán haciendo.
Con lo que uno está por encontrar.

Entonces, 
si lo sabías, ¿Por qué has ido?

He ido por los hermanos.
Porque sabía que llegaría ese momento.
Mi momento.
Está a punto y así sucede.

Él le hace una mueca y
ella se ríe como en los mejores días que la he visto.
Me doy cuenta entonces.
Lo descubro de repente.
Eso que me ayudó tantas veces.
Que me hizo sentirme tan bien.

Esta noche, esa magia no está en la pantalla.
No hay nada que ver allí.
Todo ocurre en el patio de butacas.
A mi lado.
Y es tan bueno como me lo había imaginado.

Se confirma lo otro que ya sabía.
Sólo por ellos dos,
por verlos,
por estar allí con ellos,
ha merecido la pena 
toda la mierda que me acabo de tragar.



Autoestima

Nadie me quiere, David.

Pues, quiérete tú, joder.
¿Qué esperas si no?



¡Dejadlo ya!

Venga...
Si sólo vais a lloriquear.
A resoplar vuestros dramas.

Si caéis en lo mismo es porque así lo necesitáis.
Sentiros atrapados.
Os encanta.
No queréis hacerlo de otra forma. 

Mejor, dejadlo por un momento
y reíros conmigo.

Por lo absurdo de todo.



No, para mí

Hay que trabajarlos, me dice.

No, para mí.

Escribes y te olvidas.
Pasas al siguiente.
Seguro de que no ha llegado todavía.
Que vendrá.

Y así ocurre.
Aquí, vienen.

Son como ráfagas en la playa.

Cuando empiezo,
cuando me caliento,
es el puto desembarco de Normandía.



Salen

Como el sol naciente.

Estiércol para las flores.

La bulímica en el retrete.
Vaciándose de la última.   

Ella sentada en el de atrás.
Atravesando la Gran Vía la mañana del domingo.
Cortándola.
Pidiéndome que le alcance la bolsa de plástico.
Para tirar el corazón.

Toda mi vida escapa con ellas.


sábado, 10 de marzo de 2018


¿Cuál de ellos?

Me pregunto.
Muy a menudo.

El de fuera.
Que sueña todavía con impresionarlos.

El de dentro.
Para el que sentir y hacerlo ya es suficiente.

¿Cuál de ellos?
¿Quién se ha inventado al otro?
¿Quién es un mal necesario?
¿Podrán seguir los dos, cada uno a lo suyo,
o acabará por imponerse uno?

Sea quien sea yo.
Ya elegí mi bando.

Espero ganar ésta.



Hay palabras...

Que no soporto.
Alguna vez, las he usado.
Las uso.

Genio, arte y obra maestra son algunas.

Pienso que es una traición.
Necesidad de parecer.
De hallar respuesta y consuelo fácil.
De darles más importancia de la que tienen.

No dejarlas, simplemente, ser.


viernes, 9 de marzo de 2018


Réquiem

Si vas a dejar que te lo hagan a ti también...
Que él se haga con todo...
ve cavando un par de tumbas.

Una por el que podías haber sido.
El que has entregado a los traidores y desleales.

Y otra por el despojo que ha quedado.
El sirviente.
El que se va a ir descomponiendo poco a poco.
Sin hacer absolutamente nada.



Adolescente que apuntas contra tu sien

Yo también lo he pasado.
Y créeme que hay formas.
Lo conseguirás.

Ya sé que duele.
Que nada lo calma.
Que es horrible la sensación.

No saber quién eres.
Qué vas a hacer.
Verlos trepar.
Y el asesino en la contigua.

Pero, no desesperes.
Lee estas pocas líneas.
Las escribí para ti.
Respira.

Te contaré lo que me ayudó a mí.
Lo que me dijeron.
Si sientes que se está apagando,
desvaneciendo,
que lo estás perdiendo;
eso es porque aún queda algo.
Algo por salvar.
Y merece ser salvado.

Tranquilo.
La encontrarás.
Tu manera.

Ahora, ve a dormir.
Mañana, empezarás a hacerlo.
Será alucinante.
Ya lo verás.
No lo harás como dicen ellos.

Volverán a intentar convencerte.
Te dirán: ¡Acéptalos y vive con ellos!
Pero, no son lo que tú eres.
No naciste así.
No lo harás nunca.

Más bien...
Los sacarás de dentro y los golpearás
con todas tus fuerzas

hasta que supliquen.



Cachopo asturiano

¡Vamos a por ello!, dice el camarero.
Y entre que viene, mi colega y yo empezamos.

Hablamos un poco de todo.
Hasta que llegamos ahí.

Me gusta lo que he leído.
Pero, todavía no lo he terminado.
Te diré algo más adelante.

Le pregunto cómo lo hace él.
Me dice que es aburrido.
Que lo que él hace es labor de escriba. 
No es arte como lo mío.

Yo no llamaría arte a lo que hago, colega.

Bueno...
En realidad, todo es arte.
Aunque, a muchos los irrite.

Claro que los irrita.
Ellos no quieren arte; quieren incunables.
Igual que en aquella de Minnelli.
El altar con las velas, 
la fotografía de su padre, 
el tocadiscos girando y
las botellas de vino vacías.

No sé...

Claro que lo sabes.
A los que no se puede contestar.
De los que no se puede dudar.
Como Miguel Ángel. 

Bueno...
Es que a muchos lo que les interesa es la decoración de interiores.

Se acerca el camarero.
¡Vamos a por ello!, dice.
Dejando caer nuestro segundo plato.

Nos reímos.
¡Qué momento tan cojonudo!
Ese último comentario...

Joder, ha estado sembrado.



Manifiesto

¿Y tú, lo eres?, me pregunta.

Me he criado con cuatro de ellas.
¿Tú, qué crees?

Sé muy bien de lo que son capaces.

Lo que me molesta es su forma de preguntarlo.
Como dando a entender 
que si no lo hago o lo digo 
como ella;
entonces, no lo comparto.

Por un lado, están los que hacen bromas
sobre la nostalgia de delantal.
No se han enterado de qué va la película.

Y, por otro, las que se dedican a hablar.
A ir a las manifestaciones y desfilar pancartas.

Para mí, valen lo mismo.

Por suerte, estarán ellas.
Las que siempre estuvieron.
Las que sólo lo hacen.
Harán lo que se les ponga ahí.

Sin necesitar aprobación ni permiso.
Ni de unos ni de las otras.


viernes, 2 de marzo de 2018


Puertas que palpitan

Ya quieren salir fuera.
La sala está llena.

Me recuerda a otra que tuvimos hace meses.
A la canción que lo anunciaba.

Ella la tiene en su lista.
A mí, ni siquiera me gusta.
Pero, lo reconozco.
La escucho de vez en cuando.

Porque me lleva de vuelta a allí.
Aquella vez, que estábamos esperando para entrar.
Esa canción sonando.
Ella incomodísima.
Y yo con un cabreo de la hostia.

Mirándola.
Queriendo acercarme y abrazarla.
Con unas ganas terribles de volver al D.F. 
Y el maldito orgullo sujetándome.



Defectos

Es bueno desahogarse.
Sí.
Pero, hay otras formas.

Ya sé que hay cosas que no soportas de mí.
Pero... déjame decirte algo.

No importa.
Porque todos tus defectos juntos nunca podrían cambiar lo que siento.
Porque sé que ningún otro lo hará.

Nadie podrá llenar el hueco que dejarás en mí cuando te vayas.


jueves, 1 de marzo de 2018


Una única regla

Si no puedes hacerlo así...
Decirlo usando tan sólo unas pocas palabras...
puede que no sea el momento.
Ya llegará.
Es mejor esperar.

Lo demás es exhibición y presunción.
Y se pagan bien 
pero
no llevan nunca a ninguna parte.

Una única regla.
El resto es camino abierto.



Al niño 
sobre el muro de yeso blanco

No te preocupes.
Los adultos también lo hacen a veces.
Cuando nadie los ve.

Ya lo sé. 
Que estás abatido.
Que no sabes ni por dónde empezar.
Pero, a ti también te llegará con el tiempo.

Ten paciencia y
sólo cuídate de eso.
Deja de sentirte como lo haces.
No te abandones allí.
Tus días tristes.
Hazlos correr como caballos.

No las contengas.
Ni finjas una sola.
Déjalas salir.
No lo hagas como lo hacen ellos.

Sólo necesitas una razón.
Cuando te despiertes mañana.
Una sola basta.
Y está ahí afuera esperándote.

Tu oportunidad.

Así que, 
levanta, 
ojos secos de lágrimas, 
encuentra la tuya.