Manual de relaciones
Es así, chico.
No hay dudas.
Nunca las hubo.
Ella no lo siente.
No lo hará jamás.
Lamentablemente, esto no se puede forzar.
Arde de forma espontánea o no lo hace.
Y, aunque lo consiguieses,
removiendo cielo y tierra,
removiendo cielo y tierra,
aunque la engañases a ella y a ti mismo,
nunca sería suficiente.
Pensarías y te sentirías como dice ella.
Somos egoístas.
Queremos que nos quieran exactamente como nosotros queremos.
Somos quienes los hacemos especiales a ellos.
Los que lo imaginamos todo.
Así, son las cosas.
Ella tiene razón.
Así que,
no pienses que es por tu culpa.
Porque es demasiado para ti.
Porque te queda grande.
Por tu falta de experiencia.
Por lo que te ha faltado decir.
Por lo que has hecho mal.
Nada lo cambiaría.
No eres tú
y
no puedes estar eternamente enfadado y triste.
Entiendo que ahora no lo veas.
Pero...
Es verdad.
No tengas miedo.
No desesperes.
Volverás a sentirlo por otra
y otras lo verán en ti.
Puede que, incluso, lo descubras en la misma que lo vea.
Verás que merece la pena.
Es mejor que no haberlo sentido nunca en la vida.
No te arrepientas.
Ella se equivoca en eso.
No te diré que no llores.
Ya sé cuánto duele.
Que estabas dispuesto a renunciar a todo.
Que se lo habrías dado todo y
ella no lo quiere.
Pensar que lo ha querido de otros que no se lo han dado.
Que lo han desperdiciado.
Que la han despreciado.
Pero, tienes que dejarlo estar.
Olvidarla y salir afuera a por más.
No es justo.
Ya lo sé.
Pero, tampoco, para ella.
Sé sincero.
Ambos sabemos que vas a romper tu promesa.
Al fin y al cabo,
todos tenemos que renunciar a algo.
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