Martilleo
Me siento al borde de la cama.
El mar está en calma y
el cielo no arde.
Los pensamientos se descuelgan
como una araña.
Estoy esperando.
Apurando mis horas.
Y allí quedan,
a lo lejos,
las hojas
y
y
mi silla
toda despellejada.
toda despellejada.
Uno de los clavos sobresale.
Yo lo golpeo hasta que vuelve dentro.
Lo siento clavarse en mí.
La infección en la carne.
Retumban en mis oídos.
Pero, no ceso.
Sigo a martillazos
mientras escucho
a ese adicto a las pastillas
que le canta
a sus hijas y
a las mujeres
que lo abandonaron.
que lo abandonaron.
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