¿Es eso lo que ves cuando me miras?
Un niño de barrio bien al que le han regalado todo.
Que, aunque quiera, nunca podrá entenderlo.
Aunque lo que más quiere, es que tú se lo des.
¿Es eso todo?
Que porque los tuvo a ellos y
le compraron montones de juguetes,
nunca se sintió solo cuando lo miraban.
Cuando hablaba con ellos.
Que porque no se crió con agujas y navajas,
nunca sintió miedo.
Aquel niño que se frotaba, compulsivamente, el pelo.
Preocupado por lo que pensaban de él,
porque lo señalasen con el dedo.
Por tener que hacerlo como ellos querían,
por ser lo que ellos creían.
Cuando yo no lo era.
Sin el coraje para decírselo a la cara.
No.
Yo sólo quería compartirlos contigo.
Que tú me confiases los tuyos.
Pero, ni siquiera me preguntaste.
Sólo querías quedar por encima.
He vuelto a hacer eso que tanto te jode.
A llevarte la contraria.
Y tú te has defendido con todo.
Me has tirado toda la mierda encima.
No me lo has dado; me lo has recriminado.
Y lo reconozco.
Me ha picado mucho.
Empiezo a entender por qué lo haces así.
Por qué lo dices.
Por qué te jode tanto.
Me pregunto si es por creerte por debajo.
Porque piense que eres tonta.
Por esa falta de autoestima.
Esa necesidad de demostrar nada.
Igual que hago yo con mi arrogancia.
No has entendido que la mayoría de mis golpes son para mí.
Que los necesito.
Que, todavía, no estoy listo.
Cada uno lo hace a su modo.
Ahora, eres tú la que está cabreada.
Supongo que porque me equivoco de nuevo.
Bien...
Dime lo equivocado que estoy entonces.
Te dije que te escucharía y
no he cambiado de idea.