jueves, 23 de noviembre de 2017


El cadáver

Anoche,
cavé la fosa.
Enterré el cadáver.
Me la pasé entera en vela.
Esperando a que se enfriase.

De amanecida,
me he acordado de la vuelta desde San Blas.
Aquella madrugada.
Lo he rememorado todo.
Todavía, retumba dentro.

Nada te turbe.
Todo se pasa.
El sufrimiento es opcional.
Amor libre.
Toda esa mierda.

Ya no importa.
Pensar en lo que podría haber sido.
En lo que yo he hecho mal.
En todo lo que no he dicho.
Es mejor apartarse y dejarlo estar.

Me has llamado cínico.
Me dijiste, una vez,
que yo era lo más egoísta que habías encontrado.
Que sólo pienso en mis sentimientos.
Y puede que tengas algo de razón.
Pensaba que tú me enseñarías.

He atravesado cada nueva excusa.
Hemos pasado por todas ellas.
Me dijiste que lo malo se anteponía a lo bueno.
Que era yo.
La última fue que no podías quererme.
Que eras tú.
Bien...
De una forma u otra,
lo acepto.

Sólo quiero que sepas que mis intenciones fueron sinceras.
Que hubiese dado cualquier cosa.
Que hubiese renunciado a todo lo demás.
Que lo único que siempre me dolió fue esa maldita volatilidad.
Un día,
puedes subirme al cielo y,
al día siguiente,
arrastrarme por el suelo.

Pero, te juro que no me arrepiento.
Nunca deje a nadie acercarse así.
Ni hacerme tanto daño.
Ése es el mejor halago.
Me pareció ver algo inimaginable.
Y lo sentí tan real cuando estábamos juntos.

¿Quieres saberlo?
Lo volvería a hacer otra vez.
Lo que siento no lo cambio por nada.
¿Qué sentido tiene si no entonces?
Eso es lo que yo pienso.

Ya sé que cada uno siente lo que siente.
No hace falta repetirlo.
Que ahí, no caben órdenes.
Ni tampoco, rencores ni reproches.

Pero... lo siento.
Vuelvo a escucharte dentro de mi cabeza
y no puedo evitarlo.

Pensar que...

Tú eres la que finge.
La que no se cree sus propias palabras.
La de los subterfugios.
La que está perdida.
Aterrorizada de que le vuelva a pasar.
De que se lo vuelvan a hacer.
De que la vuelvan a romper.

La cobarde.
No yo.


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