El cadáver
Anoche,
cavé la fosa.
Enterré el cadáver.
Me la pasé entera en
vela.
Esperando a que se
enfriase.
De amanecida,
me he acordado de la vuelta desde San Blas.
me he acordado de la vuelta desde San Blas.
Aquella madrugada.
Lo he rememorado todo.
Todavía, retumba dentro.
Nada te turbe.
Todo se pasa.
El sufrimiento es
opcional.
Amor libre.
Toda esa mierda.
Toda esa mierda.
Ya no importa.
Pensar en lo que podría
haber sido.
En lo que yo he hecho
mal.
En todo lo que no he
dicho.
Es mejor apartarse y
dejarlo estar.
Me has llamado cínico.
Me dijiste, una vez,
que yo era lo más egoísta
que habías encontrado.
Que sólo pienso en mis
sentimientos.
Y puede que tengas algo
de razón.
Pensaba que tú me enseñarías.
He atravesado cada nueva
excusa.
Hemos pasado por
todas ellas.
Me dijiste que lo malo se anteponía a lo bueno.
Que era yo.
La última fue que no
podías quererme.
Que eras tú.
Bien...
De una forma u otra,
lo acepto.
Sólo quiero que sepas que mis intenciones fueron
sinceras.
Que hubiese dado
cualquier cosa.
Que hubiese renunciado a
todo lo demás.
Que lo único que siempre
me dolió fue esa maldita volatilidad.
Un día,
puedes subirme al cielo y,
al día siguiente,
arrastrarme por el suelo.
Pero, te juro que no me
arrepiento.
Nunca deje a nadie acercarse así.
Ni hacerme tanto daño.
Ése es el mejor halago.
Me pareció ver algo inimaginable.
Y lo sentí tan real cuando estábamos juntos.
¿Quieres
saberlo?
Lo volvería a hacer otra
vez.
Lo que siento no lo
cambio por nada.
¿Qué sentido tiene si no
entonces?
Eso es lo que yo pienso.
Ya sé que cada uno siente
lo que siente.
No hace falta repetirlo.
Que ahí, no caben
órdenes.
Ni tampoco, rencores ni
reproches.
Pero... lo siento.
Vuelvo a escucharte
dentro de mi cabeza
y no puedo evitarlo.
Pensar que...
Tú eres la que finge.
La que no se cree sus propias
palabras.
La de los subterfugios.
La que está perdida.
Aterrorizada de que le
vuelva a pasar.
De que se lo vuelvan a
hacer.
De que la vuelvan a
romper.
La cobarde.
No yo.
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