domingo, 18 de marzo de 2018


¡Menudo engreído!

De un tiempo a esta parte, no puedo con ellos.
Ni siquiera con los que más me gustaban.
Sólo me gusta lo que hago yo.

¡Qué engreído!, me dijo.

Puedo entender su reacción.
No se lo echo en cara.
Es sólo que no comprendió.

Que era la única forma de hacerlo.
Que era la única forma en la que funcionaba.
En la que se calmaba.
Que no era que me creyese mejor.
Que los considerase falsos.
Que no confiase que ellos también lo sentían así.

Si hay algo que respeto es el dolor ajeno.
A fin de cuentas, 
a cada uno nos duele lo que nos duele.


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