El duende
Cuando era pequeño,
un duende vivía en casa de mis padres.
Se escondía en la falsa chimenea.
Se calentaba allí.
Nadie lo sabía.
Sólo yo.
Me pedía frutos secos y miel.
Y agua de limón.
Y juro que era él quien desordenaba
las tazas del juego de té japonés de mi madre.
Ya...
Y supongo que ha sido él también
el que ha roto el plato de porcelana y
el que ha roto el plato de porcelana y
ha dejado descolgado el teléfono de la cocina, ¿No?
Entonces, lo miraba.
Él se encogía de hombros.
Y yo empezaba a reírme.
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