domingo, 18 de marzo de 2018


El duende

Cuando era pequeño, 
un duende vivía en casa de mis padres.

Se escondía en la falsa chimenea.
Se calentaba allí.
Nadie lo sabía.
Sólo yo.

Me pedía frutos secos y miel.
Y agua de limón.

Y juro que era él quien desordenaba 
las tazas del juego de té japonés de mi madre.

Ya...
Y supongo que ha sido él también
el que ha roto el plato de porcelana y
ha dejado descolgado el teléfono de la cocina, ¿No?

Entonces, lo miraba.
Él se encogía de hombros.

Y yo empezaba a reírme.


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