Si...
en verdad,
existes,
como me intentaron convencer tantas veces;
O si sólo eres otra mentira
como creí ver en sus ojos cuando les preguntaba por qué...
Es lo mismo.
Me dijeron que tenías tus razones pero no las compartías.
Bien.
Pues, yo te digo que nunca te sentí cerca.
Que no las pasaste aquí conmigo.
Que no las pateaste conmigo.
Que no las pateaste conmigo.
Como yo.
Perdido.
No podrás recriminarme nada.
Pues, tú no eliges.
Sólo miras.
Dime, entonces, cómo lo habrías hecho mejor que yo.
Si, de verdad,
existes,
yo te digo
¡Qué fácil es juzgar desde allí arriba!
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