Urco
Mi madre me contó que,
cuando mi hermana era un bebé y
ellos se asomaban a verla,
él siempre andaba cerca.
Y cuando se iban,
se levantaba sobre sus dos patas y
metía el hocico en el cochecito.
Para asegurarse de que seguía allí.
De que no se la habían llevado.
Que todo estaba bien.
Estaba muy viejo.
Lo sacrificaron cuando yo era un recién nacido.
No tuvo oportunidad de hacerlo conmigo.
Pero, hubiese dado mis dos muñecas por eso.
Por tenerlo aquí a mi lado.
No os hacéis una idea de cuánto lo necesité.
Cuando vinieron a llevarme a mí.
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