lunes, 9 de abril de 2018


El adicto no se ha ido todavía

Creo que es lo que más echo de menos de ellas.

No, verlas.
Sino las horas previas.

Sosteniéndolas en las manos.
Imaginándome lo que iba a encontrar
cuando cerrase la puerta y
echase la persiana.

Y lo que pasaba después con algunas.
Semanas enteras dando vueltas en mi cabeza.

Vivir allí encerrado con ellas sin preocuparme por nada de fuera.
Desvanecido.
¡La mar de feliz, joder!


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