Hay un poco
Hay un poco de odio en el amor y
un poco de amor en el odio.
No se puede evitar.
Cedes el control.
Lo abandonas.
Dejas de ser tú.
Que sean tus emociones las que lo hagan.
Las que te lleven y te arrastren como una locomotora.
Y, durante un instante, te encanta.
Al siguiente, estás aterrado.
Empiezas a pensar.
A intentar ponerle freno o,
peor aún,
a forzarlo.
Ahí, es cuando lo estropeas.
No dejas que sólo sea.
No confías en lo que sientes.
Crees que es tu única manera de sobrevivir.
Que no te destroce.
Sí.
Hay un poco de odio en el amor y
un poco de amor en el odio.
No nacemos para morir.
Lo hacemos para vivir.
Para sentirlos.
Para sentirlos.
Más en concreto, para empacharnos de ambos.
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