miércoles, 3 de enero de 2018


Un deseo

Un momento de inspiración.
Me recuesto con un colega a puerta cerrada.

Me pasa algo.
Lo nota en mis ojos.
Y me dice...
Si sólo tuvieses uno, ¿Qué pedirías?

Si me lo preguntases cuando tenía 6 años,
te hubiese respondido tener superpoderes.
Poder volar o levantar un edificio con las manos.
Salvar a los niños de las llamas.
O puede que sólo saber atarme los cordones de las zapatillas.
Tardé demasiado en aprender a hacerlo.
O coger el lápiz como el resto. 
No llevar el cuadernito lleno de tachones y borrones.
Me daba vergüenza cuando me lo pedían.

Si me lo hubieses preguntado con 10, 
te hubiese dicho no tener que volver allí.
Quedarme en casa.
Acompañar a mi madre a hacer los recados.
Y que mi padre no tuviese que irse tampoco.
Que me llevase todos los días a jugar con él
como hacíamos los sábados.

Y a mis 16, no sentirme tan inseguro.
Encontrarme.
Saber que pasaría.
No obsesionarme con eso.
No anhelar su atención y su admiración.
Lo he arrastrado durante mucho tiempo.

Pero,
ahora, lo tengo claro.
Si sólo pudiese pedir uno esta noche,
a mis 29,
la pediría a ella.
Sólo a ella.
Porque consigue que me olvide de todo.
Y puedo empezar de nuevo.

Mi colega me sonríe.
Nos miramos como nunca antes lo hemos hecho.
Porque me conoce un poco y
sabe que hablo muy en serio.


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