Una pequeña
apreciación
Nunca creí a esos
charlatanes.
No les hice ningún caso.
Nunca estudié las
películas.
No las vi y analicé como
ellos querían.
Me perdí en ellas.
Allí, lo encontré.
Un lugar donde quedarme.
Y todo esto me hace
acordarme de él.
El stalker regresando a
la zona.
Está prohibido ir allí.
Tras las alambradas y
vallas eléctricas.
Donde terminan las vías
del tren.
Lo recuerdo echado sobre
la hierba.
Dejando que la lluvia lo
empapase.
Sus lágrimas.
Volver a casa.
Yo ya ni siquiera lo
hago.
Las últimas veces, me ha
hecho daño.
Pero, me acuerdo de
ellas.
Y recuerdo cómo me sentía
al hacerlo.
Encerrarme durante días
con ellas.
Aún vienen a buscarme
algunas noches.
Cuando se hace
insoportable.
Tampoco, estudié música.
No aprendí nada de notas,
acordes,
arpegios
y partituras.
La mantuve virgen,
misteriosa y salvaje.
De lo contrario, creo que
la hubiese matado.
Lo habría estropeado
todo.
La sigo escuchando cada
día.
La dejo hacer.
Dejo que me golpee.
Que me recorra.
Hasta el lugar más
apartado de mi mente.
Que limpie la ponzoña y vuelva
a poner mi sangre roja.
Encuentro alivio en ella.
Me calma.
Pone cada cosa en su
sitio.
Y lo reconozco.
No lo puedo evitar.
Lamento no haberlas
descubierto antes.
Que nadie me hablase de
ellas.
Lo único de lo que me
arrepiento de verdad.
Pienso en lo que me
hubiese ayudado tenerlas.
Cuando era tan necesario.
Cuando lo necesitaba
tanto.
Pero, supongo que las
cosas tenían que ser así para mí.
Nunca se tiene el control sobre lo más importante.
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