martes, 14 de noviembre de 2017


A ver cuánto vamos a aguantar

Me has hecho pagar mis 2 minutos con 3 semanas.
3 semanas sin mediar palabra.
3 semanas de absoluta indiferencia.

Bien… ¿Ahora, qué vas a hacer?

¿Seguir ignorándome?
¿Vas a dejar que el silencio nos cubra?
Si esa es tu voluntad, la respetaré.
No habrá más reproches por mi parte.

¿Hablar del tiempo y de las vacaciones?
Eso no puedo.
¿Quieres que finjamos?
¿Que digamos tonterías para estar cómodos?
Tal y como yo lo hago con los otros.
Nunca lo hice contigo y no empezaré ahora.

¿O quieres comenzar de nuevo?
Acariciar y después morder.
Puedes ser lo más dulce del mundo y,
al día siguiente, echarme todos tus traumas encima.

¿Asumimos el riesgo?
Yo puedo estropearlo otra vez.
Hacer o decir algo que no debería.
Algo que no te guste.
No puedo darte garantías.
Ni siquiera he sido capaz de esperar a la primera cita.

Pero, yo sé lo que quiero.
Así que, me acercaré otra vez.
Me darán igual las advertencias.
El hijo del arquitecto Dédalo.
No vueles demasiado cerca del sol.
Ni demasiado cerca de la espuma del mar.
Las perderás y no podrás volver a hacerlo.

Lo siento.
Pero, no te daré opción.
Ni te dejaré escapatoria.
Me siento como aquel titán robando el fuego.
Pero, yo no lo compartiré con el resto de los mortales.
Esto es tuyo y mío.
Como tú dijiste.

Y volveré a hacer añicos todo lo que crees intocable.
Todo sobre lo que crees estar segura.
Lo derrumbaré.
Te lo arrancaré.
Lo tiraré contra la pared.
Hasta que entiendas que tú y yo no lo necesitamos.
Que son sólo palabras y que no significan nada.

Tú puedes empezar cuando quieras.
Ábreme un hueco entre las costillas.
Alcánzalo.
¿A qué esperas?
Sólo tienes que estirar el brazo.
Hazlo rugir desde el núcleo hasta el cielo.
Tú sabes cómo hacerlo.
Vuelve a decírmelo.
Todo eso que me jode tanto.

¿Quién te crees que eres?
No eres mi padre.
Yo no tengo padre.
¿Qué quieres de mí?
Yo no lo estoy.
Tú y yo no somos nada.
Lo siento, no quería que acabara así.
Ves cómo no me entiendes.

Luego vuelve a decirme que te encanta.
Acércate mi muñeca y hazlo como lo hacías antes.
¿No lo echas de menos?
Vuelve a decirme que me vas a querer siempre.
Que no soportarías que nadie me hiciera daño.
Que eso no se lo has contado a nadie más.
Que no sabes ni por qué lo haces.
Pero, que tengo que entender que tienes dudas.
Que ya lo sentiste antes y no sabes si volverá.
Siempre, tienes un nombre para todo.

Vuelve a hacerlo.
Deja que tus ojos y tus manos me digan una cosa 
y tu voz otra.
Déjate llevar sólo un momento
y luego escóndete donde no puedo encontrarte.
Di o haz algo 
y desanda el camino inmediatamente.

Puedo soportarlo.
Me acercaré más.
Sé que me quemaré.
Te voy a volver loco.
Hablabas en serio.
Pero, quiero saber más de tus manías y supersticiones.
De lo que pasa por tu cabeza.
De lo que sientes ahora.

Tú no me crees, pero puedo hacer que todo se desvanezca.
Y lo haré porque tú puedes conseguir que yo lo haga.
Porque ya lo haces conmigo.
Haces que se olvide todo lo demás.
Porque sé que, si me quedo contigo, no querré nada.
Nada me importará, si te tengo esta noche a mi lado.

Hoy es 22 de agosto, por cierto.

¡Feliz cumpleaños, preciosa!


No hay comentarios:

Publicar un comentario