A ver cuánto vamos a
aguantar
Me has hecho pagar mis 2
minutos con 3 semanas.
3 semanas sin mediar
palabra.
3 semanas de absoluta
indiferencia.
Bien… ¿Ahora, qué vas a
hacer?
¿Seguir ignorándome?
¿Vas a dejar que el
silencio nos cubra?
Si esa es tu voluntad, la
respetaré.
No habrá más reproches
por mi parte.
¿Hablar del tiempo y de
las vacaciones?
Eso no puedo.
¿Quieres que finjamos?
¿Que digamos tonterías
para estar cómodos?
Tal y como yo lo hago con
los otros.
Nunca lo hice contigo y
no empezaré ahora.
¿O quieres comenzar de
nuevo?
Acariciar y después
morder.
Puedes ser lo más dulce
del mundo y,
al día siguiente, echarme
todos tus traumas encima.
¿Asumimos el riesgo?
Yo puedo estropearlo otra
vez.
Hacer o decir algo que no
debería.
Algo que no te guste.
No puedo darte garantías.
Ni siquiera he sido capaz
de esperar a la primera cita.
Pero, yo sé lo que
quiero.
Así que, me acercaré otra
vez.
Me darán igual las
advertencias.
El hijo del arquitecto
Dédalo.
No vueles demasiado cerca
del sol.
Ni demasiado cerca de la
espuma del mar.
Las perderás y no podrás
volver a hacerlo.
Lo siento.
Pero, no te daré opción.
Ni te dejaré escapatoria.
Me siento como aquel
titán robando el fuego.
Pero, yo no lo compartiré
con el resto de los mortales.
Esto es tuyo y mío.
Como tú dijiste.
Y volveré a hacer añicos
todo lo que crees intocable.
Todo sobre lo que crees
estar segura.
Lo derrumbaré.
Te lo arrancaré.
Lo tiraré contra la
pared.
Hasta que entiendas que
tú y yo no lo necesitamos.
Que son sólo palabras y que
no significan nada.
Tú puedes empezar cuando
quieras.
Ábreme un hueco entre las
costillas.
Alcánzalo.
¿A qué esperas?
Sólo tienes que estirar
el brazo.
Hazlo rugir desde el
núcleo hasta el cielo.
Tú sabes cómo hacerlo.
Vuelve a decírmelo.
Todo eso que me jode
tanto.
¿Quién te crees que eres?
No eres mi padre.
Yo no tengo padre.
¿Qué quieres de mí?
Yo no lo estoy.
Tú y yo no somos nada.
Lo siento, no quería que
acabara así.
Ves cómo no me entiendes.
Luego vuelve a decirme
que te encanta.
Acércate mi muñeca y
hazlo como lo hacías antes.
¿No lo echas de menos?
Vuelve a decirme que me
vas a querer siempre.
Que no soportarías que
nadie me hiciera daño.
Que eso no se lo has
contado a nadie más.
Que no sabes ni por qué
lo haces.
Pero, que tengo que
entender que tienes dudas.
Que ya lo sentiste antes
y no sabes si volverá.
Siempre, tienes un nombre
para todo.
Vuelve a hacerlo.
Deja que tus ojos y tus
manos me digan una cosa
y tu
voz otra.
Déjate llevar sólo un
momento
y luego escóndete donde
no puedo encontrarte.
Di o haz algo
y desanda
el camino inmediatamente.
Puedo soportarlo.
Me acercaré más.
Sé que me quemaré.
Te voy a volver loco.
Hablabas en serio.
Pero, quiero saber más de
tus manías y supersticiones.
De lo que pasa por tu
cabeza.
De lo que sientes ahora.
Tú no me crees, pero
puedo hacer que todo se desvanezca.
Y lo haré porque tú
puedes conseguir que yo lo haga.
Porque ya lo haces
conmigo.
Haces que se olvide todo
lo demás.
Porque sé que, si me
quedo contigo, no querré nada.
Nada me importará, si te
tengo esta noche a mi lado.
Hoy es 22 de agosto, por
cierto.
¡Feliz cumpleaños,
preciosa!
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