Una lección aprendida
Cuando era pequeño,
la calle se dividía en
baldosas de colores.
Había grises, azules y
rosas.
Y yo pisaba sólo las de
un color.
Uno de mis juegos
favoritos.
Si pisaba otra, me caería
allá abajo.
Cierto día, había elegido
yo las rosas y
un chico mayor se me
acercó.
¿Por qué pisas sólo las
rosas?
¿Eres marica?
Mariquita.
Yo no entendía muy bien
qué significaba.
Pero, no me gustaba el
tono.
Ahora, lo entiendo todo.
Si pudiese volver,
me cuidaría mucho de
pisar las rosas
sólo cuando él estuviese
mirando.
Es una lección aprendida.
Cuando el mundo se llena
de moralistas,
remilgados y
gilipollas,
ofender es un deber.
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