Engreído
Sé que ella lo piensa.
Me llama burgués,
clasista y elitista.
Y no me entra en la
cabeza
qué es exactamente lo que
la hace pensar de esa manera.
O puede que sí.
Me acuerdo de Brando con
aquel otro tipo
en la oficina del
sheriff.
“Vamos… déjelo.
Váyase a casa.
Por mi parte,
yo le prometo quedarme
aquí sentado pensando
en qué he podido hacer
para que tanta gente
en este condenado pueblo
piense que se me puede comprar”.
Eso haré.
Me quedaré aquí sentado
pensando en qué he podido
equivocarme.
Puede que algo de lo que
he escrito la haya confundido.
Seguro que ha sido algo
de lo que le he dicho.
A veces, tengo un humor
de lo más inoportuno.
Pero, no es engreimiento.
Yo no me atrevería a
decirle al resto cómo vivir.
No tengo ni capacidad ni
autoridad para eso.
No creo que nadie la
tenga.
Aunque muchos de ellos la
ostenten como derecho propio.
Nunca acaba bien.
Me acuerdo de aquel viejo
ermitaño
que vivía con los
árboles, los ríos y los animales.
Ése que bajó de las
montañas para hablar a los hombres.
Traía su ofrenda para
ellos.
Pero, la despreciaron.
No lo escucharon.
Cuando lo hicieron, no lo entendieron.
Y se volvió muchas veces
a la cueva.
Agotado y desolado.
La rabia le corría y le
ardía en los ojos y en la lengua.
Cuántas veces lloró; no
podría decirse.
Y volvía a hablarle a las
piedras del camino.
Pasado un tiempo, bajaba
de nuevo.
Revitalizado.
La soledad lo había
curado.
Bajaba pensando que, esta
vez, sí lo lograría.
Lleno de esperanza.
Nada más lejos.
Todos sabemos cómo acabo.
Completamente,
trastornado.
Encerrado y sin voluntad
para liberarse.
Con una camisa de fuerza
abrazándole.
El tónico durmiéndole el
cuerpo.
Su cerebro apagándose.
Sus escritos mutilados.
Sus palabras recogidas
más tarde por otros.
Tan mal escuchadas y tan
malinterpretadas.
La hermosa luz
extinguiéndose.
No.
A mí, no se me ocurriría
ni intentarlo.
Yo no pretendo cambiar el
mundo.
Sólo quiero cambiar a uno
de ellos.
Lo que hago y escribo va
destinado a él.
Él va primero.
Necesito golpearlo para
que no se le olvide.
Para que no desaparezca y
se dé por vencido.
Para que lo haga ahora.
Porque estoy seguro de
que nada le devolverá el tiempo
perdido.
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