sábado, 18 de noviembre de 2017


Engreído

Sé que ella lo piensa.

Me llama burgués, clasista y elitista.
Y no me entra en la cabeza
qué es exactamente lo que la hace pensar de esa manera.

O puede que sí.

Me acuerdo de Brando con aquel otro tipo
en la oficina del sheriff.
“Vamos… déjelo.
Váyase a casa.
Por mi parte,
yo le prometo quedarme aquí sentado pensando
en qué he podido hacer para que tanta gente
en este condenado pueblo piense que se me puede comprar”.

Eso haré.
Me quedaré aquí sentado pensando en qué he podido equivocarme.

Puede que algo de lo que he escrito la haya confundido.
Seguro que ha sido algo de lo que le he dicho.
A veces, tengo un humor de lo más inoportuno.

Pero, no es engreimiento.
Yo no me atrevería a decirle al resto cómo vivir.
No tengo ni capacidad ni autoridad para eso.
No creo que nadie la tenga.
Aunque muchos de ellos la ostenten como derecho propio.

Nunca acaba bien.

Me acuerdo de aquel viejo ermitaño
que vivía con los árboles, los ríos y los animales.
Ése que bajó de las montañas para hablar a los hombres.
Traía su ofrenda para ellos.
Pero, la despreciaron.

No lo escucharon.
Cuando lo hicieron, no lo entendieron.
Y se volvió muchas veces a la cueva.
Agotado y desolado.
La rabia le corría y le ardía en los ojos y en la lengua.

Cuántas veces lloró; no podría decirse.
Y volvía a hablarle a las piedras del camino.
Pasado un tiempo, bajaba de nuevo.
Revitalizado.
La soledad lo había curado.
Bajaba pensando que, esta vez, sí lo lograría.
Lleno de esperanza.

Nada más lejos.
Todos sabemos cómo acabo.
Completamente, trastornado.
Encerrado y sin voluntad para liberarse.
Con una camisa de fuerza abrazándole.

El tónico durmiéndole el cuerpo.
Su cerebro apagándose.
Sus escritos mutilados.
Sus palabras recogidas más tarde por otros.
Tan mal escuchadas y tan malinterpretadas.
La hermosa luz extinguiéndose.

No.
A mí, no se me ocurriría ni intentarlo.
Yo no pretendo cambiar el mundo.
Sólo quiero cambiar a uno de ellos.
Lo que hago y escribo va destinado a él.
Él va primero.

Necesito golpearlo para que no se le olvide.
Para que no desaparezca y se dé por vencido.
Para que lo haga ahora.

Porque estoy seguro de que nada le devolverá el tiempo perdido.


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