Acércate
Míralos.
Todos iguales.
Moviendo las manos de
atrás hacia adelante.
Como jodidos orangutanes.
Ahí, los tienes.
Contando las palabras.
Midiéndolas.
Buscando y eligiendo.
El lugar y el momento exactos donde encajarlas.
El lugar y el momento exactos donde encajarlas.
Pensándolas.
Las piensan demasiado.
Eso es porque no las
sienten.
No lo sienten arder en el
estómago.
No lo escuchan dentro.
Resonando desde lo más
profundo de ellos.
Lo hacen por la audiencia
estreñida.
Para provocarla.
Para ser aclamados por
ella.
Y, de esta manera,
alimentar al amo.
Todavía, no lo han
entendido.
¿De verdad, pensáis que,
al final de todo,
habrá alguien a quien le
importen vuestras rimas?
No.
No habrá más peleas de
gallos.
Ni exhibiciones de
ingenio.
Se tratará de vosotros.
Estaréis solos en un
cuarto con un cuchillo afilado.
Y veremos si os atrevéis
a usarlo.
Pero...
¿A quién le estoy
hablando?
Vosotros sois incapaces
de aceptarlo.
No lo queréis y nunca lo
haréis.
Lo que vosotros queréis
es un escenario.
Eso es todo.
Bien, pues... es todo
vuestro.
Yo no lo hago por eso.
Tengo mis propios
motivos.
Así que, guardo el mío y
salgo fuera.
Puede que me quede
rondando un rato
o puede que me vaya
directo a casa.
Puedo hacerlo cuándo y
dónde sea.
Sé que ella estará
conmigo.
Puede, incluso, estar
mirándome ahora mismo.
Aquí, entre vosotros.
Un ángel de alas mojadas.
Una criatura de ojos
curiosos,
pelo desteñido y
falda apretada.
Puedo verla acercarse
cuando cierro los ojos.
Su olor me hace desear de nuevo.
Sé que la encontraré
aquí,
en mi habitación o
cuando me duerma esta
noche.
Pues, son tanto suyos como
míos.
Ella vendrá a buscarlos.
¿Me escuchas ahora, pequeña
criatura?
Si estás por aquí,
pequeño ángel,
acércate y recoge los pedazos que
han quedado.
Coge lo que te pertenece.
Coge lo que te pertenece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario