viernes, 17 de noviembre de 2017


Acércate

Míralos.
Todos iguales.
Moviendo las manos de atrás hacia adelante.
Como jodidos orangutanes.

Ahí, los tienes.
Contando las palabras.
Midiéndolas.
Buscando y eligiendo.
El lugar y el momento exactos donde encajarlas.
Pensándolas.
Las piensan demasiado.
Eso es porque no las sienten.
No lo sienten arder en el estómago.
No lo escuchan dentro.
Resonando desde lo más profundo de ellos.

Lo hacen por la audiencia estreñida.
Para provocarla.
Para ser aclamados por ella.
Y, de esta manera, alimentar al amo.

Todavía, no lo han entendido.
¿De verdad, pensáis que, al final de todo,
habrá alguien a quien le importen vuestras rimas?

No.
No habrá más peleas de gallos.
Ni exhibiciones de ingenio.
Se tratará de vosotros.
Estaréis solos en un cuarto con un cuchillo afilado.
Y veremos si os atrevéis a usarlo.

Pero...
¿A quién le estoy hablando?
Vosotros sois incapaces de aceptarlo.
No lo queréis y nunca lo haréis.
Lo que vosotros queréis es un escenario.
Eso es todo.

Bien, pues... es todo vuestro.
Yo no lo hago por eso.
Tengo mis propios motivos.
Así que, guardo el mío y salgo fuera.

Puede que me quede rondando un rato
o puede que me vaya directo a casa.
Puedo hacerlo cuándo y dónde sea.
Sé que ella estará conmigo.
Puede, incluso, estar mirándome ahora mismo.
Aquí, entre vosotros.

Un ángel de alas mojadas.
Una criatura de ojos curiosos,
pelo desteñido y
falda apretada.
Puedo verla acercarse cuando cierro los ojos.
Su olor me hace desear de nuevo.

Sé que la encontraré aquí,
en mi habitación o
cuando me duerma esta noche.
Pues, son tanto suyos como míos.
Ella vendrá a buscarlos.

¿Me escuchas ahora, pequeña criatura?
Si estás por aquí,
pequeño ángel,
acércate y recoge los pedazos que han quedado.

Coge lo que te pertenece.
Lo que es tuyo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario