sábado, 18 de noviembre de 2017


Comienzo

Una vez lo entiendes, todo se trasluce.

Fue arrancado del agujero
(De donde nada existe. Del sueño eterno).
Una madrugada de primavera.
Y arrojado al frío mundo.
Igual que las palabras que aquí respiran.
No le preguntaron.
Simplemente, lo hicieron.

Aprendió derramando sangre y lágrimas.
Junto al resto de inocentes.
Las reglas y condiciones.
Los escuchó demasiado.
Nunca estuvo satisfecho ni conforme.
Menos incluso con él mismo.

Parecía no haber alivio.
Pero, todo cambió de repente.
Apareció de la nada también.
¿Él lo encontró o eso lo encontró a él?

Ahora, se mueve confiado.
Viaja hacia el lugar de donde procede.
Ya no está irritado y asustado.
Lo ha olvidado todo.
Pues, acude a él en cualquier momento.
Lo siente acercarse.
Viene de dentro.
Siente la sacudida.
Que él sí puede hacerlo.

No se trata de ego.
Tampoco, de orgullo.

Si no lo acepta,
si lo rechaza,
si ya no los presta atención,
es porque está fuera del tablero.
Ya no lo quiere.
Abandonó.

Eso ya ha quedado atrás.
Ya no decidirán más por él.
Ahora, sabe dónde ir a buscarlo.
Se quedará un tiempo.

Al fin y al cabo,
cuando llegue el momento de hacerlo,
los demás no estarán.
No importarán.
Estará solo y todo se abrirá ante él.
Con las pupilas dilatadas y la mente despejada.


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