domingo, 18 de marzo de 2018


El duende

Cuando era pequeño, 
un duende vivía en casa de mis padres.

Se escondía en la falsa chimenea.
Se calentaba allí.
Nadie lo sabía.
Sólo yo.

Me pedía frutos secos y miel.
Y agua de limón.

Y juro que era él quien desordenaba 
las tazas del juego de té japonés de mi madre.

Ya...
Y supongo que ha sido él también
el que ha roto el plato de porcelana y
ha dejado descolgado el teléfono de la cocina, ¿No?

Entonces, lo miraba.
Él se encogía de hombros.

Y yo empezaba a reírme.


martes, 13 de marzo de 2018


90ª Ceremonia

Son las 04:00 de la madrugada.

Paciencia.
Ya vienen los importantes.
Se suben.
Empiezan con los discursitos.
A relamerse los unos a los otros.

Y los que observan abajo están entusiasmados.
Aplauden.
Gritan.
Son incansables.
Me pregunto, ¿Qué cojones ven ahí?
Algo que yo no puedo, seguro.

Ya sabía que pasaría.
No lo consigo.
No entiendo qué tiene que ver con ellas.
Conmigo.
Con lo que hacía con ellas en mi cuarto a puerta cerrada.
Hace ya años.
Con lo que algunos seguirán haciendo.
Con lo que uno está por encontrar.

Entonces, 
si lo sabías, ¿Por qué has ido?

He ido por los hermanos.
Porque sabía que llegaría ese momento.
Mi momento.
Está a punto y así sucede.

Él le hace una mueca y
ella se ríe como en los mejores días que la he visto.
Me doy cuenta entonces.
Lo descubro de repente.
Eso que me ayudó tantas veces.
Que me hizo sentirme tan bien.

Esta noche, esa magia no está en la pantalla.
No hay nada que ver allí.
Todo ocurre en el patio de butacas.
A mi lado.
Y es tan bueno como me lo había imaginado.

Se confirma lo otro que ya sabía.
Sólo por ellos dos,
por verlos,
por estar allí con ellos,
ha merecido la pena 
toda la mierda que me acabo de tragar.



Autoestima

Nadie me quiere, David.

Pues, quiérete tú, joder.
¿Qué esperas si no?



¡Dejadlo ya!

Venga...
Si sólo vais a lloriquear.
A resoplar vuestros dramas.

Si caéis en lo mismo es porque así lo necesitáis.
Sentiros atrapados.
Os encanta.
No queréis hacerlo de otra forma. 

Mejor, dejadlo por un momento
y reíros conmigo.

Por lo absurdo de todo.



No, para mí

Hay que trabajarlos, me dice.

No, para mí.

Escribes y te olvidas.
Pasas al siguiente.
Seguro de que no ha llegado todavía.
Que vendrá.

Y así ocurre.
Aquí, vienen.

Son como ráfagas en la playa.

Cuando empiezo,
cuando me caliento,
es el puto desembarco de Normandía.



Salen

Como el sol naciente.

Estiércol para las flores.

La bulímica en el retrete.
Vaciándose de la última.   

Ella sentada en el de atrás.
Atravesando la Gran Vía la mañana del domingo.
Cortándola.
Pidiéndome que le alcance la bolsa de plástico.
Para tirar el corazón.

Toda mi vida escapa con ellas.


sábado, 10 de marzo de 2018


¿Cuál de ellos?

Me pregunto.
Muy a menudo.

El de fuera.
Que sueña todavía con impresionarlos.

El de dentro.
Para el que sentir y hacerlo ya es suficiente.

¿Cuál de ellos?
¿Quién se ha inventado al otro?
¿Quién es un mal necesario?
¿Podrán seguir los dos, cada uno a lo suyo,
o acabará por imponerse uno?

Sea quien sea yo.
Ya elegí mi bando.

Espero ganar ésta.