90ª Ceremonia
Son las 04:00 de la madrugada.
Paciencia.
Ya vienen los importantes.
Se suben.
Empiezan con los discursitos.
A relamerse los unos a los otros.
Y los que observan abajo están entusiasmados.
Aplauden.
Gritan.
Son incansables.
Me pregunto, ¿Qué cojones ven ahí?
Algo que yo no puedo, seguro.
Ya sabía que pasaría.
No lo consigo.
No entiendo qué tiene que ver con ellas.
Conmigo.
Con lo que hacía con ellas en mi cuarto a puerta cerrada.
Hace ya años.
Con lo que algunos seguirán haciendo.
Con lo que uno está por encontrar.
Entonces,
si lo sabías, ¿Por qué has ido?
He ido por los hermanos.
Porque sabía que llegaría ese momento.
Mi momento.
Está a punto y así sucede.
Él le hace una mueca y
ella se ríe como en los mejores días que la he visto.
Me doy cuenta entonces.
Lo descubro de repente.
Eso que me ayudó tantas veces.
Que me hizo sentirme tan bien.
Esta noche, esa magia no está en la pantalla.
No hay nada que ver allí.
Todo ocurre en el patio de butacas.
A mi lado.
Y es tan bueno como me lo había imaginado.
Se confirma lo otro que ya sabía.
Sólo por ellos dos,
por verlos,
por estar allí con ellos,
ha merecido la pena
toda la mierda que me acabo de tragar.