sábado, 20 de enero de 2018


Rezo

Vuelvo a la capilla del colegio.
Tengo 8 años.
Allí, de rodillas.
Mirando la talla de la Virgen.

Los niños lo hacen sin problemas a mi derecha e izquierda.
Estoy perdidísimo.

Una monja se me acerca.
Una mujer muy cariñosa.
Me sonríe.
Me dice...
Vamos, ¡Habla con ella!
Puede oírte.

Junto las manos y empiezo.

"Virgen llorosa...
No sé qué decirte.
Lo siento.
Me siento extraño al hacerlo.
Porque no los creo.
Tú no estás ahí.
Bajo la madera.
Tus lágrimas no son de verdad.
Te las han pintado en la cara.
Las mías, sí lo son".


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