Puedo imaginármelo
Esa habitación de hotel.
Ella durmiendo en la cama.
Enseñando su espalda.
Enseñando su espalda.
El maquillaje corrido de la noche anterior.
No le di opción a quitárselo.
Yo apoyado contra la ventana.
Mirándola.
Sintiéndome vivo por primera vez.
Y la mañana fuera levantándose.
Trayéndome el olor de los croissant.
Trayéndome el olor de los croissant.
Asomándose a verla también.
Me dice...
Si te vieses la cara que llevas, chaval.
Y yo me río.
Respondo.
Respondo.
¡Qué envidiosa puedes llegar a ser, puta!
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