De bruces
Estaba allí.
Un día de tantos.
Tonteando con ella.
De repente, entraron.
Uno hizo una broma fácil al respecto.
Y ella lo dijo.
¡Qué tontería!
¡A David, no le gusto!
¿Cómo iba a gustarle?
Fue, entonces, cuando me di cuenta.
Me di de bruces.
Tuvo que ser ella la que lo dijese primero.
Es gracioso.
Creo que siempre me ha pasado igual con todo.
Yo no encuentro nada.
Me encuentra a mí.
No estés tan segura, preciosa.
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