Mi entrenador
Tendría unos 10 años.
El equipo ya estaba completo.
Pero, quedaba una vacante en el de los mayores.
Así que, allí estaba yo.
Jugándomela con chicos que me sacaban de 2 a 3 cuerpos.
Un día, se me acerco mi entrenador.
Un tipo de voz ronca y barriga prominente.
Me dijo:
"David, los pequeñitos tenemos que ser más agresivos.
Entrar con el doble de ganas que ellos".
Y eso hice.
Jugaba sobre cemento.
De modo que, terminé la mayoría de los primeros partidos
con mis rodillas y mis corvas abiertas.
Todas raspadas y ensangrentadas.
Pero, me encantaba.
Un gran consejo que le sigo agradeciendo.
Tanto que, a día de hoy,
sigo haciéndolo.
sigo haciéndolo.
Elijo sólo a los que son más grandes y
les entro con todo.
La única diferencia es que ahora sé algo más.
No siempre los más altos son los más grandes.
Esto no me lo enseñó él.
Lo aprendí yo solo unos años más tarde.
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