sábado, 13 de enero de 2018


Soy un gato

Caótica.
Mal urbanizada.
Sucia y ruidosa.
Colapsada.

Villa venida a menos.
Desaparecen las fuentes y los árboles.
¿Qué hicieron con ellos?
¿Dónde se las llevaron?

Capital de aceras levantadas,
cornisas abiertas y
una nube negra en el cielo.

Sus temperaturas extremas.
Alcanza los -2º en invierno y los +40º en verano.
Climatología adversa.
Un mes se inunda; otro se seca.

Ésta es mi ciudad.
Donde habitan mis recuerdos.
Mi ciudad blanca y gris.
De mañanas azules,
azoteas rojas y
encuentros fugaces.

Paseo por ella.
Me cruzo, de nuevo, con esos lugares.
El cuarto donde vi el cabaret.
El sótano de la calle Relatores.
Y esos mesones de la Cava Baja.
Allí, fue donde probé la sangría por primera vez.

Mi ciudad.
Fea y tosca.
Envejecida.
Una prostituta de otra época.
No hay un solo día, que no me meta con ella.
Que no hable mal de ella.

Pero, es la mía.
Y lo sabe perfectamente.
Sólo son palabras.
Sabe lo que, en el fondo, siento.
Que cuando lo haga,
cuando me vaya como amenacé tantas veces,
no podré olvidarla.

Ella sabe que la echaré tanto de menos,
pensaré tanto en ella, 
que necesitaré volver en seguida a su lado.


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