sábado, 20 de enero de 2018


Allí

Fue allí donde lo aprendí.

En el restaurante de paredes rojas y cuadros de Rembrandt.
Con sus esmóquines.
Ocultos bajo los manteles de seda bordados.
Saliendo de la cocina.
Viéndolos engullir y
escuchándolos gruñir como cerdos. 

Sí.
A más sofisticado,
a más refinado;
más cruel. 


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