Allí
Fue allí donde lo aprendí.
En el restaurante de paredes rojas y cuadros de Rembrandt.
Con sus esmóquines.
Ocultos bajo los manteles de seda bordados.
Saliendo de la cocina.
Viéndolos engullir y
escuchándolos gruñir como cerdos.
Sí.
A más sofisticado,
a más refinado;
más cruel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario