jueves, 11 de enero de 2018


El triciclo

Caminaba sin rumbo una mañana cuando la vi.
Una paloma coja que saltaba en la acera.

Un niño en triciclo aceleraba hacia ella.
Quería aplastarla contra el pavimento.
Cualquiera lo advertiría por su sonrisa.
Estaba ansioso por llegar.
Darle alcance.

Y sentí, por un instante, 
la necesidad de interponerme.
Pero, no lo hice.

Era su día.
Su momento había llegado.
Tiempo de aprenderlo.

Que todo lo que haga trae consecuencias.
Todo su poder.
Que puede sentirse invencible un instante y,
al siguiente, hecho polvo.
Y que sus impulsos no siempre lo harán por él.
No siempre lo dejarán satisfecho.


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