martes, 2 de enero de 2018


El mío

No es un laúd pulido.
Es una caja de resonancia bruta.
Un tambor de hojalata.
Igual al que tocaba aquel niño raquítico 
que rajaba los espejos con sus chillidos.

Late y late con más fuerza.
Hasta que estalla en pedazos y se sale por mi boca.

Por eso, no hago aforismos.
No hablaré del amor como una ráfaga de viento.
Ni de la soledad como un columpio oxidado.

No.
A mí, me interesa lo que hace crujir el suelo de mi casa.
Y lo que cae de las paredes y el techo.
Aquello que consigue revolverme cuando cierro los ojos.


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