miércoles, 31 de enero de 2018


Declaración de guerra

Allí,
en la sala de sofás rojos y tiempo detenido,
me pareció verlo en sus ojos.
Que, por un momento, ella había abandonado las defensas.

Algo me llamó entonces.
Una señal al otro lado del muro.
Creo que fue esa mirada, 
ese destello,
la que lo desató.
Y yo me apresuré a tocarle los muslos.
Un simple gesto.
Se había declarado la guerra.

Y, ahora, voy con todo.
Voy a por ti sin reservar nada.
Una estrategia muy arriesgada.
Lo sé.

Pero, tú ya lo intuiste hace mucho y me avisaste.
Estás loco.
Eres un kamikaze.

Es verdad.

No habrá recapitulación.
Ni rendición de mi parte.
No lo dejaré jamás.


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