viernes, 3 de noviembre de 2017


Uno para leer en Aleatorio

Deberías venirte un día, me dijo.
Sé que no te gustará pero podrías incluso
leer alguno de los tuyos.

No creo que pueda hacerlo, pensé.
Yo no escribo para ellos.
Aunque sí reconozco que he escrito algunos
sólo para que ella los lea.

Y ahora os veo subir y bajar con vuestras hojas.
Hojas de poesía medida y ensayada.
Vuestra gran ocasión.
Pienso… ¿Por qué lo hacen?
Y sólo espero que alguno de vosotros lo haga para colocarse.
Para hacer pasar las horas.

Entonces, me acuerdo de uno de ellos.
Un demente del siglo XIX.
Se pasaba escribiendo días enteros.
No salía, ni comía ni se lavaba.
Luego seguían depresiones y semanas enteras en la cama.
Le encantaba la música y abrazar a los caballos.
Y pasó sus últimos días en un manicomio.

Él sí sabía muy bien por qué lo hacía.
Todo ocurre en las horas silenciosas.
Se sentaba en la oscuridad a esperar los truenos.
Sólo quería escuchar los truenos.
Pero vosotros no queréis truenos; queréis aplausos.

Al menos, uno lo entendió.



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