Uno para leer en Aleatorio
Deberías venirte un día,
me dijo.
Sé que no te gustará pero
podrías incluso
leer alguno de los tuyos.
No creo que pueda
hacerlo, pensé.
Yo no escribo para ellos.
Aunque sí reconozco que
he escrito algunos
sólo para que ella los
lea.
Y ahora os veo subir y
bajar con vuestras hojas.
Hojas de poesía medida y
ensayada.
Vuestra gran ocasión.
Pienso… ¿Por qué lo
hacen?
Y sólo espero que alguno
de vosotros lo haga para colocarse.
Para hacer pasar las
horas.
Entonces, me acuerdo de
uno de ellos.
Un demente del siglo XIX.
Se pasaba escribiendo
días enteros.
No salía, ni comía ni se
lavaba.
Luego seguían depresiones
y semanas enteras en la cama.
Le encantaba la música y
abrazar a los caballos.
Y pasó sus últimos días
en un manicomio.
Él sí sabía muy bien por
qué lo hacía.
Todo ocurre en las horas
silenciosas.
Se sentaba en la
oscuridad a esperar los truenos.
Sólo quería escuchar los
truenos.
Pero vosotros no queréis
truenos; queréis aplausos.
Al menos, uno lo
entendió.
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