Una conversación
educada
Digeridos los dos
primeros platos,
se me atraganta el
postre.
Toda la cena igual.
Él graznando y el resto
sacudiendo las plumas.
¿Y tú, qué piensas?, me
pregunta.
¿No dices nada?
¿Yo?
Nada.
Pero, enhorabuena por tus
opiniones.
Buen trabajo.
¿Cómo?
Se trataba de eso, ¿no?
Recitarlas en alto para
que todos se las traguen.
Que lo sepan.
Que, a ti, no te engañan.
Que sabes cómo funcionan
las cosas.
¿Tú, quién cojones te
crees que eres?
Ya te lo he dicho.
Yo no soy nadie, chico.
Pero, puedo interpretarlo
esta noche.
Puedo ser un fascista.
Un desollador de niños.
Un torturador.
Un torturador.
Un violador.
Un taxidermista.
Un lepidóptero en tu
boca.
La paliza que te pegó tu
padre por aplastar los guisantes.
Cada rechazo que has
recibido.
Seré aquello que más
odies y desprecies.
Lo que sea que más dolor
te cause.
Cualquier cosa con tal de
no parecerme a ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario