lunes, 20 de noviembre de 2017


Una conversación educada

Digeridos los dos primeros platos,
se me atraganta el postre.
Toda la cena igual.
Él graznando y el resto sacudiendo las plumas.

¿Y tú, qué piensas?, me pregunta.
¿No dices nada?

¿Yo?
Nada.
Pero, enhorabuena por tus opiniones.
Buen trabajo.

¿Cómo?

Se trataba de eso, ¿no?
Recitarlas en alto para que todos se las traguen.
Que lo sepan.
Que, a ti, no te engañan.
Que sabes cómo funcionan las cosas.

¿Tú, quién cojones te crees que eres?

Ya te lo he dicho.
Yo no soy nadie, chico.
Pero, puedo interpretarlo esta noche.

Puedo ser un fascista.
Un desollador de niños.
Un torturador.
Un violador.
Un taxidermista.
Un lepidóptero en tu boca.
La paliza que te pegó tu padre por aplastar los guisantes.
Cada rechazo que has recibido.

Seré aquello que más odies y desprecies.
Lo que sea que más dolor te cause.

Cualquier cosa con tal de no parecerme a ti. 


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