lunes, 20 de noviembre de 2017


Te lo prometo

Me ha acompañado siempre.

Nuestros duelos a espada de plástico.
Mamá regañándonos...
¡Dejadlo ya!
Os vais a hacer daño.
Al final, veréis como rompéis algo.

El juego del escondite entre los roperos.
¿Te acuerdas?
Nuestras risas al encontrarnos.

Los paseos sobre tus hombros.
Cuando me fallaban las piernas y
no podía más del cansancio.

Y, sobre todo,
pienso en nuestras partidas de ping pong.
En cómo me enfadaba cuando no ganaba.
Eso fue lo que ellos me enseñaron.

Pero, lo desaprendí rápido.
Porque te miraba y lo sentía.
Porque comprendí que no lo haría de nuevo.
Que competiría con cualquiera antes que contigo.
Porque te quería como a ninguno.

Me ha sido mucho más difícil olvidarme de hacerlo con el resto.

Quiero que sepas que tenía miedo.
Quería que estuvieses orgulloso.
Que aún me importa.
Pero que, en seguida, supe que,
cuando se tratara de nosotros,
no habría marcador.

Tú fuiste el primero.


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