Te lo prometo
Me ha acompañado siempre.
Nuestros duelos a espada
de plástico.
Mamá regañándonos...
¡Dejadlo ya!
Os vais a hacer daño.
Al final, veréis como
rompéis algo.
El juego del escondite
entre los roperos.
¿Te acuerdas?
Nuestras risas al
encontrarnos.
Los paseos sobre tus
hombros.
Cuando me fallaban las
piernas y
no podía más del
cansancio.
Y, sobre todo,
pienso en nuestras
partidas de ping pong.
En cómo me enfadaba
cuando no ganaba.
Eso fue lo que ellos me
enseñaron.
Pero, lo desaprendí
rápido.
Porque te miraba y lo
sentía.
Porque comprendí que no
lo haría de nuevo.
Que competiría con
cualquiera antes que contigo.
Porque te quería como a
ninguno.
Me ha sido mucho más
difícil olvidarme de hacerlo con el resto.
Quiero que sepas que
tenía miedo.
Quería que estuvieses
orgulloso.
Que aún me importa.
Pero que, en seguida, supe
que,
cuando se tratara de
nosotros,
no habría marcador.
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