lunes, 20 de noviembre de 2017


Nunca

Nunca me arrepentí por habértelo contado, preciosa.
Lo que te dije aquella noche de julio.
Cuando se nos atragantó el pastel de salmón.
¿Recuerdas?
Tú no podías dejar de moverte de lado a lado.
Y yo allí
petrificado y
con las espinas en la garganta.

Nunca, hasta hoy.
Cuando he visto lo triste que estabas.

Te juro que lo siento.
Que lo he sentido desgarrarse por dentro.
Y que la boca me olía a sangre.

Puede que hayas pensado que soy un sádico.
Pero, no.
Me hace polvo.
Saber que estás ahí sufriendo y que no debo acercarme.

No sé hacerlo de otra forma.
No podía seguir.
Volver a casa con esa sensación.
¿En qué estás pensando, chico?
Si ella ni te ha mirado.

Así que, he hecho lo que dije que haría.
Me he alejado.
Lo he roto en mil pedazos.

Pero, hoy, he estado a punto de derrumbarme.
A pesar de saber muy bien que,
de hacerlo,
todo volvería a ser como antes.
A jugar a ser amigos.
A guardarlo para mí y esperar poder sacarlo a solas.

He estado muy cerca de decírtelo.
Tú también tienes que hacerlo.
No puedes estar así.
Tan triste.
Sin dormir bien.
Tienes que olvidarte de mí.
Todo lo que he hecho y he dicho mal.

Y si lo que te angustia es pensar
que lo hago porque te odio,
te desprecio o
cualquier otra cosa que hayas podido imaginar,
no puedes estar más equivocada.

Yo no te odio.
No podría hacerlo aunque me lo propusiera.
Lo mío va sin condiciones.
Para mí, sólo hay una.

Da igual lo que hagas.
Podrá molestarme,
enfurecerme,
dolerme
e incluso hacerme llorar.
Pero, nunca me harás odiarte.

Yo lo haré hasta mi último momento.

Tal y como eres.

Lo que siento por ti nunca se apagará.


No hay comentarios:

Publicar un comentario