Nunca
Nunca me arrepentí por
habértelo contado, preciosa.
Lo que te dije aquella
noche de julio.
Cuando se nos atragantó
el pastel de salmón.
¿Recuerdas?
Tú no podías dejar de
moverte de lado a lado.
Y yo allí
petrificado y
con las espinas en la
garganta.
Nunca, hasta hoy.
Cuando he visto lo triste
que estabas.
Te juro que lo siento.
Que lo he sentido
desgarrarse por dentro.
Y que la boca me olía a
sangre.
Puede que hayas pensado
que soy un sádico.
Pero, no.
Me hace polvo.
Saber que estás ahí
sufriendo y que no debo acercarme.
No sé hacerlo de otra
forma.
No podía seguir.
Volver a casa con esa
sensación.
¿En qué estás pensando,
chico?
Si ella ni te ha mirado.
Así que, he hecho lo que
dije que haría.
Me he alejado.
Lo he roto en mil
pedazos.
Pero, hoy, he estado a
punto de derrumbarme.
A pesar de saber muy bien
que,
de hacerlo,
todo volvería a ser como
antes.
A jugar a ser amigos.
A guardarlo para mí y
esperar poder sacarlo a solas.
He estado muy cerca de
decírtelo.
Tú también tienes que
hacerlo.
No puedes estar así.
Tan triste.
Sin dormir bien.
Tienes que olvidarte de
mí.
Todo lo que he hecho y he
dicho mal.
Y si lo que te angustia
es pensar
que lo hago porque te
odio,
te desprecio o
cualquier otra cosa que
hayas podido imaginar,
no puedes estar más
equivocada.
Yo no te odio.
No podría hacerlo aunque
me lo propusiera.
Lo mío va sin
condiciones.
Para mí, sólo hay una.
Da igual lo que hagas.
Podrá molestarme,
enfurecerme,
dolerme
e incluso hacerme llorar.
Pero, nunca me harás
odiarte.
Yo lo haré hasta mi
último momento.
Tal y como eres.
Lo que siento por ti
nunca se apagará.
No hay comentarios:
Publicar un comentario