sábado, 18 de noviembre de 2017


¿Quieres que te lo cuente?

Ocurrió anoche.

Estaban en un claro del bosque.
El macho cabrío pasando por en medio.
Con las astas puntiagudas y relucientes.
Lamiendo los estómagos de las más jóvenes.
Se les inflaban como globos de cumpleaños.
No tenían pelo en la vagina.
Los rostros se les deformaban.
Sus cuerpos se retorcían mientras flotaban en el aire.

De repente, se hizo muy temprano.
Ella estaba tirada en el suelo del baño.
Con un bote de plástico vacío en la mano.
Y el chico, completamente, acojonado.
Sin saber qué hacer.
Corriendo escaleras arriba y abajo.
La desnudó,
la metió en la bañera
y le empapó el pelo.
Luego, le metió los dedos en la boca.
De rodillas, inclinada sobre el inodoro.
Empezaron las contracciones y los espasmos.
Nosotros asomados por el hueco de la puerta.
Seguido, acudió el llanto.
Con la alianza en el anular y el rímel corrido en los ojos.
Otra noche sobrevivida.
La del marido no fue mejor tampoco.

De allí a San Francisco.
Un paseo en coche.
La luz de aquella pensión.
La lápida.
El collar del cuadro.
La tienda de flores.
Y ella bajando y arrojándose a la bahía.

Un sueño.
Una pesadilla.
Saber que nunca podrás alcanzarla.
Que nunca será tuya.

Bueno...
Hasta aquí, lo que puedo contarte.

Creo que ya te lo he dicho antes.
Normalmente, no suelo acordarme.


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