lunes, 20 de noviembre de 2017


¡Mira, mamá!

Lo he conseguido.
Me reuní con el señor trajeado.
Me subieron a la última planta.
La cristalera.
Supongo que para que los viese caminar abajo.
Todo fueron buenas palabras y halagos.

Me lo dijo al poco tiempo de estar allí sentados.
Me alcanzó el contrato.

¿Qué te parecen dos millones?

Bien.

O, quizás, tres.
He visto lo que haces y tú vales esos tres.

Bien.

Nos dimos la mano y salimos.

Mamá, lo dejé desconcertado.
Si hubieses visto cómo me miraba.
Igual que a un cometa.

No lo entendía.
Que yo lo habría hecho de todas formas.
Que era suficiente.
Que no me importaba.

Pero, ya los tengo.
Estos tres son para ti.

Puedes guardármelos
o saldar las deudas.
Yo no los quiero.

Si llevo dos días sin comer,
puedo aguantar un tercero.


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