lunes, 20 de noviembre de 2017


Cuento de invierno

Se levantó temprano.
El cuarto olía a queroseno de la noche anterior.
La lámpara estaba todavía caliente.

Anduvo por la casa.
Los llamó a todos.
Entró en sus habitaciones.
Se tumbó en sus camas.
No los encontró.

Se volvió a meter bajo la mesa.
Su escondite favorito.
Allí, la vio.
La luz de la ventana la despertó.
La muchacha de mármol le hizo una reverencia.
Y fue la criada la que lo sacó echando el carbón.

Pequeño Hamlet.
No te has lavado la cara.
Tienes legañas en los ojos.
¿Qué te pasa?
¿Has vuelto a ver el fantasma de tu padre?
¿Sigue rondando por el teatro?

Sé lo de las pesadillas.
Aún sueñas con aquellos muros blancos.
La prisión.
El río congelado.
Y con las palizas del confesor.
Cómo te arrancaba así tus mentiras.

Cálmate.
Ahora, estás muy lejos.
Recuerda lo que te leyó tu abuela.
Piensa que nada podría haber sido real.
Que todo ocurriese en la cabeza de Hoffmann.
Una invención.

Incluso el baúl.
El cuarto de los títeres.
La leche y las galletas.
Y el ser que vive bajo la escalera.

ISMAEL.


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