Lo viste antes
Hoy, me lo he cruzado en
la calle.
Estaba moviendo la basura
de arriba a abajo.
Sus ojos estaban en
blanco.
Sin ambición ni sueños.
Se estaba desvaneciendo
y no le importaba.
El cadáver ya empezaba a
oler.
Su único anhelo el
dinero.
Para no tener que seguir
haciéndolo.
Igual que el oficinista,
el camarero,
el profesor de ciencias
o el directivo de banco.
Este siglo les pertenece
a ellos.
No a los hambrientos;
sino a los desesperanzados.
Hasta eso, les han
quitado.
Tantas veces, me lo he
preguntado
y he aquí la respuesta.
¿Por qué hacerlo?
Para no convertirse en uno de ellos.
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