Lo único
en lo que
pienso
Hoy, no nos hemos ni
hablado y
el turno de 9 horas me ha
dejado el ánimo deshecho.
Ahora, voy arrastrándome
a casa.
Pero, consciente de que
no importa.
Porque sé que esta
madrugada,
cuando me vaya a dormir,
tú estarás allí.
Apoyada contra mí.
Me llegará el olor de tu
pelo.
Me fijaré en tus uñas mal
pintadas,
en tu pierna encogida
sobre mi estómago
y, sobre todo, en el
tatuaje del muslo izquierdo.
Me acordaré de todos
nuestros juegos.
Entonces, me excitaré tanto
que apenas podré
contenerme.
Me temblará todo el
cuerpo.
Igual que leyendo “¿Puedo tocarte?, dijo
él” de Cummings.
Y tú lo notarás.
Entonces, tus ojos me
desafiarán de nuevo.
Pero, al final, se
sincerarán y me confesarán el resto.
Y seguro que se me pasará
por la cabeza
cuando haya recobrado el
aliento.
Pensaré si sería capaz.
Si renunciaría a todo por
quedarme aquí contigo.
Incluso a mis alas.
Como aquel ángel,
que paseaba alrededor de Berlín,
hizo por la chica del
trapecio.
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