sábado, 18 de noviembre de 2017


Lo único 
en lo que pienso

Hoy, no nos hemos ni hablado y
el turno de 9 horas me ha dejado el ánimo deshecho.

Ahora, voy arrastrándome a casa.
Pero, consciente de que no importa.
Porque sé que esta madrugada,
cuando me vaya a dormir,
tú estarás allí.

Apoyada contra mí.
Me llegará el olor de tu pelo.
Me fijaré en tus uñas mal pintadas,
en tu pierna encogida sobre mi estómago
y, sobre todo, en el tatuaje del muslo izquierdo.

Me acordaré de todos nuestros juegos.
Entonces, me excitaré tanto
que apenas podré contenerme.
Me temblará todo el cuerpo.
Igual que leyendo “¿Puedo tocarte?, dijo él” de Cummings.
Y tú lo notarás.
Entonces, tus ojos me desafiarán de nuevo.
Pero, al final, se sincerarán y me confesarán el resto.

Y seguro que se me pasará por la cabeza
cuando haya recobrado el aliento.
Pensaré si sería capaz.
Si renunciaría a todo por quedarme aquí contigo.
Incluso a mis alas.

Como aquel ángel,
que paseaba alrededor de Berlín,
hizo por la chica del trapecio.


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