lunes, 13 de noviembre de 2017


Aburrido

Son las 16:00 de la tarde.
Hace bochorno.
No viene nadie.
La apatía se asoma.

Dejo volar mi cabeza.
Mis pensamientos.
Empiezo por las nubes de algodón.
Las hojas de los árboles amarillas y verdes.
El suelo rosado.
La ropa secándose en la cuerda.

Continúo más allá…
La escalera se bifurca.
El cadáver bajo tierra.
El relámpago en el cielo.
El océano que nos separa.
La galera de esclavos.
La primavera desangrada.
La bandera negra.
La caja de música.
La bomba dentro.
La hoja en blanco.

Y sigo…
El pirómano en el bosque.
Lo que pasó entre la señora y el criado.
El sótano de las películas.
Las mujeres de Mizoguchi.
Los cuentos inmorales.
Un noruego que ha leído “El Fuego Fatuo”.

Pero, algo se interpone de repente.
Vuelvo a la taquilla.
Una anciana se acerca y me pide dos entradas.
¡Qué dulce y qué amable eres!, me dice.

La pobre mujer…
Si supiese lo que rondaba mi cabeza hace un momento. 


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