Aburrido
Son las 16:00 de la
tarde.
Hace bochorno.
No viene nadie.
La apatía se asoma.
Dejo volar mi cabeza.
Mis pensamientos.
Empiezo por las nubes de
algodón.
Las hojas de los árboles
amarillas y verdes.
El suelo rosado.
La ropa secándose en la
cuerda.
Continúo más allá…
La escalera se bifurca.
El cadáver bajo tierra.
El relámpago en el cielo.
El océano que nos separa.
La galera de esclavos.
La primavera desangrada.
La bandera negra.
La caja de música.
La bomba dentro.
La hoja en blanco.
Y sigo…
El pirómano en el bosque.
Lo que pasó entre la
señora y el criado.
El sótano de las
películas.
Las mujeres de Mizoguchi.
Los cuentos inmorales.
Un noruego que ha leído “El Fuego Fatuo”.
Pero, algo se interpone
de repente.
Vuelvo a la taquilla.
Una anciana se acerca y
me pide dos entradas.
¡Qué dulce y qué amable
eres!, me dice.
La pobre mujer…
Si supiese lo que rondaba
mi cabeza hace un momento.
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