viernes, 4 de mayo de 2018


Quisiera

que Tennessee siguiera en ello.

Pero, son los otros quienes persisten.

Hace poco,
leí a una periodista que escribía que
lo malo de Nabokov era que lo hacía tan bien que
conseguía que olvidáramos por un momento 
que estaba mal 
violar niñas de 14 años.

No le di importancia.
Lo mismo dijeron de El último tango en París.

Es lo que pasa cuando se le da algo así a esa clase de moralistas.

Siempre, vieron fantasías perversas donde sólo había dolor.


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