¡Qué fácil es!
Reírse de un católico, me dice.
Igual que de un ateo.
Ambos sostienen algo sagrado.
Que está por encima de todo.
En ocasiones, se parece bastante.
Algo que no puedes poner en duda.
Que no puedes tocar.
No les vale con sentirlo ellos mismos.
Tienen que demostrárselo al resto.
Igual que con el amor,
el sexo,
el dinero,
el éxito,
Etcétera, etcétera, etcétera.
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