La caracola
Aleteaba de abajo hacia arriba.
De arriba hacia abajo.
Salía a superficie y se sumergía de nuevo.
Y me pareció incluso
verle las branquias en el cuello.
Estaba húmeda pero la piel le ardía.
Los rayos del sol reflejaban en ella
los colores más vivos que he visto.
La furia del mar se desató de repente.
Fueron sus ojos los que lo hicieron.
El torbellino me arrastró.
Cuando todo se calmó,
me quedé quieto.
Mecido por la corriente.
Dentro de la caracola.
Creo que aún sigo allí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario