¿Y tú qué quieres?
Te la has jugado mucho
conmigo.
Y más que pienso
jugármela.
Ella tiene razón en algo.
La acuso de no hablar
claro.
Pero, nunca le he dicho
lo que yo quiero.
Y no será porque no me lo
ha preguntado.
Es sólo que, cuando estoy
contigo y me lo preguntas,
las palabras no salen.
las palabras no salen.
Sé que he sido muy torpe.
Seguro que es porque eres
la primera y
nunca se lo dije a otra
antes.
Por supuesto, que quiero
acostarme contigo.
Pero, también
despertarme.
Quiero quedarme allí contigo.
No quiero tenerte atada.
Quiero deshacer tus
nudos.
Hacer explotar tu cabeza.
Empujarte a hacer lo que
nunca te atreviste.
Lo que no sabías siquiera
que estaba allí.
Y que lo sientas arder
tal cual yo lo siento.
Quiero echar abajo los
muros.
Para que no quede ni
rastro de duda.
Porque estoy seguro de lo
que siento cuando estamos juntos.
Y sí, lo admito.
No tengo ni idea de lo
que habrás pasado
para que me digas que sí
que te gusto;
pero, que no pasará nada,
que no te acercarás,
que no te asomarás para
verlo por dentro,
que no estás enamorada y
que no puede ser porque
trabajamos juntos
y sabes cómo acaba.
Lo que sí sé es que tus
excusas siguen sin convencerme.
Que yo no soy como ellos.
No pienso como ellos.
No me siento como ellos.
Y no lo haré igual que
ellos.
El cielo se abre.
Y yo vuelvo a desatar la
tormenta.
Ya lo sé.
Y tú vas a esforzarte en
hacerme ver que,
primero de todo, somos
amigos.
Y me darás un abrazo de
buenas noches.
Pero, tú y yo nunca lo
hemos sido y nunca lo seremos.
Ya…
Ya sé lo que estás
pensando.
Sigues sin entenderme.
¿Es esto lo que tú llamas
una semana de tregua, cabroncete?
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