miércoles, 8 de noviembre de 2017


¿Y tú qué quieres?

Te la has jugado mucho conmigo.

Y más que pienso jugármela.

Ella tiene razón en algo.
La acuso de no hablar claro.
Pero, nunca le he dicho lo que yo quiero.
Y no será porque no me lo ha preguntado.

Es sólo que, cuando estoy contigo y me lo preguntas,
las palabras no salen.
Sé que he sido muy torpe.
Seguro que es porque eres la primera y 
nunca se lo dije a otra antes.

Por supuesto, que quiero acostarme contigo.
Pero, también despertarme.
Quiero quedarme allí contigo.

No quiero tenerte atada.
Quiero deshacer tus nudos.
Hacer explotar tu cabeza.
Empujarte a hacer lo que nunca te atreviste.
Lo que no sabías siquiera que estaba allí.
Y que lo sientas arder tal cual yo lo siento.

Quiero echar abajo los muros.
Para que no quede ni rastro de duda.
Porque estoy seguro de lo que siento cuando estamos juntos.

Y sí, lo admito.
No tengo ni idea de lo que habrás pasado
para que me digas que sí que te gusto;
pero, que no pasará nada,
que no te acercarás,
que no te asomarás para verlo por dentro,
que no estás enamorada y
que no puede ser porque trabajamos juntos
y sabes cómo acaba.

Lo que sí sé es que tus excusas siguen sin convencerme.
Que yo no soy como ellos.
No pienso como ellos.
No me siento como ellos.
Y no lo haré igual que ellos.

El cielo se abre.
Y yo vuelvo a desatar la tormenta.
Ya lo sé.
Y tú vas a esforzarte en hacerme ver que,
primero de todo, somos amigos.
Y me darás un abrazo de buenas noches.
Pero, tú y yo nunca lo hemos sido y nunca lo seremos.

Ya…
Ya sé lo que estás pensando.
Sigues sin entenderme.
¿Es esto lo que tú llamas una semana de tregua, cabroncete?


No hay comentarios:

Publicar un comentario