jueves, 16 de noviembre de 2017


Sin título

Lo más difícil siempre es ponerles nombre.
Al hacerlo, siento que los estoy traicionando.
No deberían llevar título.

Deberían sólo nacer (vomitarse),
desangrarse sobre el blanco
y desaparecer al pasar al siguiente.
No deberían ordenarse ni reescribirse.

No puedo recitarlos ni leértelos allí, preciosa.
Créeme.
Sonarían falsos.
No valen para eso.

Yo lo hago para sentirme mejor.
Para acallar voces que gritan dentro 
y sentir fuego.
Para aliviar el dolor y la angustia.
Para soportar las decepciones.

Los escribo para que tú puedas leerlos.
Acercarte y verme como nadie lo hizo antes.
Para que sepas quién soy y cómo me siento.
Y, por supuesto, para provocarte.
Ver tu reacción.
Si significan algo para ti.
Si los sientes como yo.

Éste hace justicia a su título.


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