Sin título
Lo más difícil siempre es
ponerles nombre.
Al hacerlo, siento que
los estoy traicionando.
No deberían llevar
título.
Deberían sólo nacer
(vomitarse),
desangrarse sobre el
blanco
y desaparecer al pasar al
siguiente.
No deberían ordenarse ni
reescribirse.
No puedo recitarlos ni
leértelos allí, preciosa.
Créeme.
Sonarían falsos.
No valen para eso.
Yo lo hago para sentirme
mejor.
Para acallar voces que
gritan dentro
y sentir fuego.
Para aliviar el dolor y
la angustia.
Para soportar las
decepciones.
Los escribo para que tú puedas
leerlos.
Acercarte y verme como
nadie lo hizo antes.
Para que sepas quién soy
y cómo me siento.
Y, por supuesto, para
provocarte.
Ver tu reacción.
Si significan algo para ti.
Si los sientes como yo.
Éste hace justicia a su
título.
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